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Full text of "Boletín Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales 2015"

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Boletín 

Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales, A.C. 



LA ANTROPOLOGÍA Y LA ETNOGRAFÍA 
EN LOS UNIVERSOS DE LA 
CONTEMPORANEIDAD 

2015 


ISSN 2007 2414 




Directorio 

Este número es publicado gracias al aporte de la Coordinación 
Nacional de Antropología del Instituto Nacional de 

Consejo Directivo 2013-2015 

Antropología e Historia y el Colegio de Etnólogos y 
Antropólogos Sociales, A.C. 

Presidencia 

Cristina Oehmichen Bazán 

Portada: Mujer tarahumara con su hijo, en la Sierra de 
Chihuahua, SINAFO. 

Vicepresidencia 

Alejandro González Villarruel 

Responsables del número: Diego Prieto, Citlali Quecha y 
Mirza Mendoza. 

Fotografías: Andrés Fábregas, Séverine Durin, Ana Paulina 

Secretaría de Organización 

Laura R. Valladares de la Cruz 

Gutiérrez, Claudia Harriss, Fototeca del Museo Nacional de 
Antropología Fondos «Fernández Cueto» y «35 rnm». 
Diseño y formación: Adriana Paola Ascencio Zepeda. 

Secretaría de Organización Suplente 

Citlali Quecha Reyna 

Producción: Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C. 
Impreso en: Imprenta ABC, S.A. Chatines No. 54 Colonia 
Tezozomoc, Deleg. Azcapotzalco, C.E 02459, México D.F. 

Secretaría Técnica 

Gustavo Marín Guardado 

Fotografía de la edición general: Fondos Fernández Cueto y 
Fondo de 35 mm. Subdirección de Etnografía. Museo Nacional 

Secretaría Técnica Suplente 

Ricardo A. Fagoaga Hernández 

de Antropología/INAH, Fototeca Nacional / INAH. 

Fotografía de los artículos: 

Tesorera 

Ma. Guadalupe Escamilla Hurtado 

Colecciones particulares, proporcionadas por los autores. 

Viñetas: Tomadas del libro Geometrías de la imaginación, diseño 

Subtesorera 

Alejandra Toriz de la Rosa 

e iconografía de Querétaro. 

Boletín Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 

Consejo de Vigilancia 

Ma. Antonieta Gallart Nocetti 

Andrés Latapí Escalante 

Enero-Diciembre 2015, es una publicación anual editada por el 
Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C., Juárez 87, 
Col. Tlalpan, Del. Tlalpan, C.E 14000 Ciudad de México, D.F. 
http://www.ceas.org.mx / 
colegioetnologosyantropologos@gmail.com. 

Comité Editorial 

Editor responsable: Laura Raquel Valladares de la Cruz. 

ISSN 2007 2414. Este número se terminó de imprimir el 30 de 

Rodrigo Díaz Cruz (UAM-I) 

Juan José Pujadas (U Rovira i Virgili-España) 

Gustavo Lins Ribeiro (U Brasilia-Brasil) 

Esteban Krotz (UAdY, Yucatán) 

Antonio Escobar Ohmstede (CIESAS-DF) 

Ma. Guadalupe Escamilla Hurtado (CGEIB-SEP) 

Juan Luis Sariego + (EAHNM) 

Hernán Salas Quintanal (IIA-UNAM) 

Carmen Bueno Castellanos (UIA) 

Andrew Roth Seneff (COLMICH) 

Laura R. Valladares de la Cruz (UAM-I) 

abril de 2015, con un tiraje de 500 ejemplares. 

Se autoriza la reproducción parcial de los materiales publicados, 
siempre y cuando se haga con fines estrictamente académicos, 
no comerciales y se cite la fuente. 


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Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


s 

Indice 

Presentación 

Diego Prieto y Citlali Quecha 5 

Haciendo etnografía: un testimonio 

Andrés Fábregas 11 

De indígenas en las ciudades y tribus urbanas. 

Reflexiones sobre la etnografía de los indígenas en contextos urbanos ^ 

Séverine Durin 

Etnografía móvil, internet y diversidad de género 

Ana Paulina Gutiérrez Martínez 23 

Los compromisos de la investigación participativa 

María Dolores París Pombo 29 

Problemáticas etnográficas: la incertidumbre de los etnógrafos en campo 

Claudia Jean Harriss Clare 35 

SECCIÓN DOCUMENTAL 

Juan Luis Sariego: in memoriam ^ 

Luis Reygadas 

Informe de la Gestión del Consejo Directivo del CEAS 

47 

2013-2014 

Código de Ética del CEAS 61 

Declaración del III Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología 

26 de septiembre de 2014 65 

Congresos y reuniones de antropología 

2015 y 2016 67 

Relación de Boletines del CEAS 69 


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Representación de grupos indígenas en Xochimilco, SINAFO. 


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Presentación 

Citlali Quecha y Diego Prieto 

Abril 2015 

La etnografía, como plataforma metodológica y herramienta empírica fundamental de la 
antropología, ha trascendido los marcos de nuestra disciplina para convertirse en un recurso de 
gran valor en las investigaciones sociales de cualquier índole. En la actualidad, y desde hace algunas 
décadas, prácticamente todas las ciencias sociales la utilizan para alcanzar niveles de profundidad 
analítica, de comprensión fenomenológica y de construcción de marcos interpretativos, otrora 
desconocidos. Esto ha dado pie a replantear la combinación y complementariedad entre los 
análisis cuantitativos y cualitativos; entre las perspectivas que se preguntan por la causalidad y la 
intencionalidad de los fenómenos culturales; así como entre los datos estadísticos o macrosociales, y 
los datos casuísticos, que remiten a los espacios de la relación interpersonal e intercultural. 

Para los antropólogos, la etnografía sigue siendo un tema de fascinación, sustentada en la 
determinación de vivir y pensar, en forma conciente, intencional, sistemática y reflexiva, la experiencia 
del otro. Estar en 'el campo', nos permite plantear y replantear las reflexiones relacionadas con la 
alteridad, con la diversidad y la naturaleza de lo humano; temas que están en el origen de nuestra 
disciplina. De igual manera, el 'estar ahí'-literal o metafóricamente-, nos orilla también a realizar 
necesarios ejercicios de reflexividad para entendernos a nosotros mismos. 

En su desarrollo, la antropología ha experimentado transformaciones importantes, desde las 
tempranas elucubraciones teoréticas de los evolucionistas y los registros etnográficos pioneros 
de Malinowski en las Islas Trobriand, hasta nuestros días. La intensificación de los debates 
teóricos, el llamado 'giro simbólico' de la antropología, la confrontación entre estructuralismo y 
posestructuralismo, la quiebra de los grandes paradigmas totalizadores, la diversificación de 
enfoques y la revaloración de los estudios descriptivos y casuísticos, han venido a replantear la 
importancia de la etnografía como recurso privilegiado del análisis cultural y social, haciendo 
patente la necesidad de su adecuación a las condiciones de la contemporaneidad, en un mundo 
crecientemente interconectado, heterogéneo y global. 

Es así que desde finales del siglo pasado, los nuevos debates y derroteros del pensamiento 
antropológico han venido a rehabilitar y a buscar nuevas salidas a las viejas tensiones de la 
antropología, de las ciencias sociales y del pensamiento occidental, que se debaten entre los afanes 
nomotéticos e idiográficos, las perspectivas etic y ende, la universalidad y la relatividad, la estructura 
y el sujeto, el determinismo y el voluntarismo, la causalidad y la interpretatividad, el iluminismo 
y el romanticismo, la lingüística y la hermenéutica, la finalidad y la presencia. Ello ha impactado 
sin duda a la etnografía, como un ejercicio y un instrumento metódico que ha alcanzado carta de 
aceptación en todas las disciplinas que se ocupan de la sociedad, de la comunicación y de la cultura. 

Pero se trata sin duda de una etnografía renovada y distinta, por sus alcances, recursos y 
requerimientos. Ya no se trata necesariamente de trasladarse por largas temporadas a lugares distantes 
y apartados; podemos y debemos hacer etnografía en espacios cercanos a nuestras viviendas, en las 
áreas urbanas, en nuestro propio medio social, con poblaciones migrantes y grupos que no por 
cercanos dejan de ser profundamente distintos entre sí. Contamos con elementos tecnológicos 
sofisticados para hacer registros audiovisuales sin mayores dificultades; algunos antropólogos han 
sustituido la libreta de campo por el Ipad o el microprocesador; las redes virtuales nos permiten 
entrar en contacto con los grupos más diversos y comparar la interacción en esos espacios, con la 
que surge de la relación cara a cara. 


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Sin embargo, hay cosas que se mantienen: la combinación de las perspectivas emic y etic 
sigue siendo un principio válido para entender realidades que se entrelazan; el interés 
por introducirse en la cotidianeidad de los interlocutores, para comprender su vida como 
un 'hecho social total'; la necesidad de reconocer la agencia social de aquellos con quienes 
interactuamos, para establecer formas un poco más equilibradas y recíprocas en el diálogo 
y el intercambio etnográficos; entre otros temas que van más allá del propósito de nuestra 
presentación. 

La producción bibliográfica alrededor de la etnografía, sus reglas y propósitos, sus 
estrategias y su manejo, es múltiple y creciente. Colegas de diversos puntos del orbe han 
narrado sus experiencias, sugerencias y tropiezos en la manera de hacer trabajo de campo. 
Estas reflexiones y vivencias siempre serán de utilidad para el gremio antropológico, así 
como para otros colegas que hacen etnografía. En particular, consideramos importante 
que, en su proceso de formación, los estudiantes puedan conocer las cavilaciones y 
recuentos de los investigadores sobre su trabajo etnográfico, más allá de los resultados 
de sus pesquisas. Esto les puede proporcionar un bagaje de experiencias previas y útiles, 
antes que ellos emprendan sus propias investigaciones, lo cual puede redundar también 
en una toma de posición ética al momento de hacer etnografía, en un campo laboral cada 
vez más diversificado y competido. 

En esta ocasión, con el título: La antropología y la etnología en los universos de la contemporaneidad, 
el Boletín 2015 del Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales (CEAS), pretende 
compartir los planteamientos y vivencias de algunos colegas sobre la tarea y la experiencia 
etnográfica, que dan sentido a su forma particular de abordar y de llevar a la práctica el 
trabajo de campo. 

Ofrecemos un interesante recuento reflexivo propuesto por Andrés Fábregas, con el 
artículo: Haciendo etnografía: un testimonio. En este trabajo, el autor repasa la historia de su 
formación como antropólogo, en los años sesenta, con la guía de quienes hoy son nuestros 
clásicos de la antropología mexicana: Paul Kirchhoff, Wigberto Jiménez Moreno, Roberto 
J. Weitlaner, Ricardo Pozas Arciniega, Luís González y González, Rosa Camelo, Jorge A. 
Vivó, José Luís Lorenzo Bautista, Arturo Warman, Carlos Martínez Marín, Guillermo 
Bonfil Batalla, Daniel Cazés, Margarita Nolasco, Julio César Olivé Negrete, Beatriz Barba 
de Piña Chán, Barbro Dhalgren, Johana Faulhaber, Carlos Navarrete, Román Pifia Chán 
y Ángel Palerm. 

Recupera Fábregas una premisa central sostenida por Weitlaner, al definir la etnografía 
como descripción holística de una cultura, tesis que sigue siendo vigente. Asimismo, recuerda 
a Palerm quien destacó la importancia de la producción teórica, a partir de la etnografía, 
para dar el paso a la etnología. En el texto, destaca la coyuntura etnográfica que le tocó 
vivir: la transición entre los estudios de comunidad y los estudios regionales, hecho 
sin duda interesante, que nos permite pensar en el momento etnográfico en que nos 
encontramos hoy día. Combinando lo aprendido de los estilos etnográficos de Guillermo 
Bonfil y de Ángel Palerm, Fábregas nos hace rememorar la Olivetti como instrumento, 
ahora rudimentario, para hacer reportes de campo, y nos ubica en el presente complejo 
(y violento), en que a pesar de todo, la creación de conocimiento sigue siendo un impulso 
que nos motiva a seguir haciendo etnografía. 

En búsqueda de lo distinto y lo distante, la antropología dirigió su atención originariamente 
a grupos tribales, sociedades rurales y comunidades campesinas, apartadas de los espacios 


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urbanos propios de la modernidad; fue así que la etnografía se aproximó de manera 
tangencial y tardía a los estudios en la ciudad, que fueron adquiriendo importancia 
creciente hasta el último tercio del siglo pasado. Ahora bien, la incorporación de los 
métodos etnográficos en las ciudades modernas supuso, como puede comprenderse un 
replanteamiento de sus fundamentos operacionales y de la propia noción de 'campo', 
aparentemente opuesta a la de 'ciudad'. 

Por eso consideramos de gran interés el artículo que nos ofrece Séverine Durin: De indígenas 
en las ciudades y tribus urbanas.Reflexiones sobre la etnografía de los indígenas en contextos 
urbanos, en el que problema tiza su experiencia de trabajo con poblaciones indígenas, cuya 
presencia en las ciudades mexicanas es creciente, cotidiana e involucra prácticamente 
a todos los grupos etnolingüísticos del país. Esta presencia masiva y ascendente de 
indígenas en las grandes urbes, a partir del incremento de los flujos migratorios campo- 
ciudad desde mediados del siglo XX, obligó a los antropólogos mexicanos a replantear la 
forma de analizar y de entender los espacios de interacción entre los pueblos indígenas 
y la sociedad nacional, así como su inevitable influencia en el mosaico intercultural que 
caracteriza a nuestras metrópolis. 

Durin inicia su trabajo con algunas preguntas pertinentes: "¿Quiénes son los indígenas 
en las ciudades? ¿Cómo etnografiar sus vidas urbanas? ¿Dónde inicia la ciudad y dónde 
termina el trabajo de campo? ¿Cómo llevar a cabo trabajo de campo sin co-residencia?" 
Ella propone, como un elemento medular de su propuesta etnográfica, des-construir el 
socio-centrismo para realizar el trabajo etnográfico con los indígenas que viven, ocupan 
y se reproducen en el medio urbano. Narra la manera como ella inició sus trabajos entre 
indígenas huicholes en la ciudad de Monterrey, con hallazgos sorprendentes; en primer 
lugar, por la presencia de un sitio sagrado huichol en Santa Catarina, Nuevo León y, 
en segundo lugar, por la novel presencia de regiomontanos indianizados (new agers) 
interesados en adquirir conocimientos sobre la cultura huichola. La investigación sobre 
el servicio doméstico de indígenas en Monterrey que ella emprendió, requirió además 
el desarrollo de ciertas estrategias de campo, puesto que ahora debía de hacer etnografía 
también con el grupo social de su pertenencia; esto es, la clase media urbana, que emplea 
a las mujeres indígenas para el trabajo doméstico. 

En este trabajo, podemos observar los retos que plantea la investigación etnográfica en las 
ciudades. Como señala la autora, no siempre se puede tocar la puerta (mochila al hombro) 
y pedir autorización para trabajar e introducirse a los domicilios, como lo hacemos en 
los pueblos rurales. Aquí entra en juego el propio desenvolvimiento y la experiencia 
del investigador, en tanto citadino, así como la forma de entender las relaciones que la 
alteridad desarrolla en estos espacios; entrar en ellos, supone flexibilidad y rigor, y sobre 
todo una ruptura epistemológica con nuestra perspectiva cultural socio-céntrica. 

Las nuevas tecnologías acompañan la contemporaneidad. Es casi imposible pensar 
nuestra realidad sin la incorporación de la informática, las comunicaciones electrónicas 
y las redes virtuales. Los antropólogos fuimos los primeros en hablar de redes sociales, 
cuando descubrimos el complejo tejido que desterritorializaba las comunidades allende 
un espacio geográfico exclusivo. Hoy día, estas redes sociales están más ligadas a palabras 
como Facebook y Twitter; pero podemos decir que el principio sigue siendo el mismo, las 
redes unen, de manera real y virtual, y constituyen el enjambre de la comunicación y la 
interacción entre las personas. 


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El artículo de Ana Paulina Gutiérrez: Etnografía móvil, internet y diversidad de género, nos 
plantea el problema de la utilización de las redes sociales en internet como herramienta y 
campo de encuentro de la etnografía. Un aspecto que la autora destaca son las características 
y funciones de las redes sociales, ¿para qué son? Ella señala que las redes "funcionan como 
medios masivos de información y comunicación, a la vez que fungen como espacios, 
principalmente de carácter urbano, que contienen sociabilidades particulares". Desde 
esta definición, Gutiérrez desarrolló una etnografía móvil, cuyo propósito es entender los 
tránsitos entre los espacios vividos y los espacios virtuales, combinando los encuentros 
cara a cara con la interacción en las redes virtuales. 

Para desarrollar su investigación con personas transfemeninas de la Ciudad de México, 
apoyándose en el Facebook, pero sin dejar de utilizar la entrevista personal, la autora puso 
en marcha un ejercicio de reflexividad interesante. En aquel espacio, frecuentemente le 
preguntaban ¿y tú, qué eres?, refiriéndose a su identidad genérica. Ella decidió entonces 
subvertir algunos Emites, al jugar con su identidad de género y el tema trans, de modo 
que subió fotos suyas a su perfil, que le permitieran mostrar un rostro y una identidad 
móvil en esa plataforma. Esto le permitió encontrar un canal de interacción distinto con 
personas ya conocidas, gracias a lo cual ella pudo afirmar, como un interesante hallazgo 
de su investigación, que los usuarios de estas redes no necesariamente están aislados, 
sino que mantienen y promueven vínculos y encuentros fuera de la internet. Su perfil de 
Facebook fue una herramienta importante. Ella incluso destaca su importancia como un 
diario de campo virtual, cosa antes poco imaginable para muchos de nosotros. Son estos 
los procesos que la antropología contemporánea y la etnografía, por añadidura, deben 
empezar a registrar con mayor profundidad para entender a un número significativo de 
personas y grupos que se mueven y se relacionan en estas esferas. 

La toma de posición, la ética en el desempeño de nuestro trabajo, la manera en que damos 
a conocer los resultados de nuestros estudios, el deber de devolver la información y los 
saberes que nos han confiado y aportado nuestros interlocutores, el involucramiento 
y compromiso social y político que asumimos con aquellos con quienes desarrollamos 
investigación antropológica, son algunos de los temas que ocupan a la Investigación 
Acción Participativa. María Dolores París Pombo, en su artículo Los compromisos de la 
investigación participativa, nos describe los postulados principales de esta corriente de 
análisis, que surgió en los años setenta del siglo XX, su evolución en el último medio 
siglo, así como las implicaciones epistemológicas, políticas y prácticas de esta perspectiva, 
particularmente en lo que respecta a la construcción de etnografías 'desde adentro'. 

La investigación participativa puede ser definida como "una estrategia de acercamiento 
al trabajo de campo, en la que establecemos un compromiso a mediano y largo plazo 
con los sujetos de estudio". A decir de la autora, el compromiso adquirido puede ser de 
distinta índole, de acuerdo con los temas de investigación. Asumir un compromiso con la 
comunidad donde se investiga, orilla a la necesaria ruptura de las jerarquías de poder que 
suelen establecerse entre el investigador y el grupo social. 

Desde esta posición, el objetivo es concebir la investigación como un trabajo colectivo 
y compartido, que busca encontrar alternativas de solución a problemáticas concretas, 
así como potenciar las posibilidades de articulación intra y extra comunitaria. Es 
importante destacar el cambio epistemológico que exige esta perspectiva: las contrapartes 
son considerados sujetos, en tanto se reconoce su agencia social, que los coloca como 
interlocutores en el proceso de generación y desarrollo de la investigación en turno. En 


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el artículo, la autora nos describe los antecedentes que sustentan este nuevo paradigma 
de las ciencias sociales en distintos lugares, como América Latina, Tanzania y Canadá. 
El momento histórico particular en que se desarrolló, así como la toma de posición 
antiintelectualista que, en sus inicios, acompañó a esta propuesta, son señalados y 
cuestionados por la autora, que plantea la necesidad de otorgar un nuevo impulso 
y un riguroso soporte académico y etnográfico a la investigación participativa en las 
condiciones del mundo actual. 

París menciona los cambios que el contexto social y político imperante ha generado en 
las ciencias sociales. Esto impacta directamente a la investigación participativa: ahora 
los investigadores no necesariamente dejan la academia para hacer investigación 
participativa, sino que para algunos es dable la conjunción entre el compromiso social 
y el rigor científico. Habría que reflexionar en ello frente a los procesos de privatización 
de la educación, de individualización del trabajo académico y de mercantilización de la 
investigación social. 

En la última década, el fenómeno de la violencia y la inseguridad ha escalado de manera 
escandalosa, desarticulando considerablemente nuestro tejido social. En sus diferentes 
escalas, la violencia ha sido un tema que la antropología ha explorado, no solamente como 
materia de investigación, como parte consustancial al fenómeno humano, sino también 
como una amenaza que involucra nuestro propio ejercicio profesional y la manera de 
vivir el dolor que produce y reproduce en los contextos en que se hace presente, en sus 
manifestaciones más descarnadas y criminales. 

Sobre este tema nos habla Claudia Harriss en su artículo: Problemáticas etnográficas: 
la incertidumbre de los etnógrafos en campo. La autora describe algunas experiencias y 
problemas a los que se enfrentado en su trabajo de campo en la Sierra Tarahumara del 
norte de México, mencionando algunos ejemplos de enfoques y estrategias ofrecidas por 
antropólogos que trabajan en zonas de conflicto para desarrollar una "antropología de la 
violencia" y una "etnografía de la violencia". 

Harriss señala que la violencia es un factor que desestructura y subvierte una serie de 
vínculos y manifestaciones culturales en las comunidades en las que irrumpe, de manera 
que ese "desorden social" pone a prueba la pertinencia de los métodos etnográficos 
que como antropólogos hemos desarrollado, pensando en otra clase de ambientes y 
momentos, cuando no la posibilidad misma de hacer etnografía. Hacer trabajo de campo 
en cotidianidades agresivas es todo un reto. No sólo porque hay que lidiar con el miedo, 
el terror y la tensión que las personas padecen (y los antropólogos no estamos exentos 
de experimentar tales sensaciones); sino que debemos estar alertas para evitar riesgos. 
Ella alude, por ejemplo, a los poderes tácticos: en la Tarahumara, los sicarios controlan 
la vida social y política de las comunidades, de modo que ellos también pueden decidir 
y deben ser consultados sobre la llegada y acceso de los colegas a los lugares de estudio. 
¿Contamos todos con las estrategias y el temple para hacer los rituales de presentación 
ante un sicario?; ¿nos sentimos capaces de acompañar un duelo inconcluso, cuando las 
familias de la comunidad no han podido encontrar a su pariente? 

Claudia Harriss destaca que las personas en las comunidades, a pesar de todo, han 
encontrado algunos mecanismos de resistencia y contención, para garantizar su 
reproducción social y cultural. El reto etnográfico en estas coyunturas es comprender 
los datos culturales que están a nuestro alcance, a fin de entender la cultura en contextos 
violentos, como una forma de creatividad que las personas han habilitado en la adversidad. 


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Un tema muy importante a considerar es el llamado de la autora a registrar la violencia. 
La objetividad y asepsia metodológica, que busca únicamente mostrar las formas de 
organización social, las estructuras y la cultura de un pueblo, sin referir los contextos de 
violencia y dolor, suponen incurrir de alguna manera en complicidad con los procesos de 
dominación que, de una u otra forma, legitiman las atrocidades que, para muchos, son 
parte de la cotidianidad. Nos parece oportuno considerar su planteamiento como una 
postura ética para la antropología que desarrollamos. 

El pasado cuatro de marzo nos dejó Juan Luis Sariego; profesor investigador emérito 
del INAH y destacado miembro del CEAS, a quien recordaremos siempre como un gran 
maestro, un buen amigo y un excelente antropólogo, y quien nos deja un valioso ejemplo 
de integridad y de congruencia; por ello hemos incluido en la sección documental una 
semblanza de su vida y trayectoria, preparada por Luis Reygadas. 

En esta sección, incluimos también el informe 2014 del Consejo Directivo del CEAS; el 
Código de Ética aprobado por la Asamblea de Socios del CEAS, el 4 de diciembre de 
2014, que será sin duda una guía para la práctica profesional de nuestros socios. También 
presentamos la Declaración del III Congreso Mexicano de Antropología y Etnología 2014, 
así como una relación de congresos y reuniones académicas de antropología, a celebrarse 
en 2015 y 2016. 

Por último, a sugerencia del colega Esteban Krotz, presentamos un listado de los números 
anteriores del Boletín del CEAS publicados desde 2006, pues consideramos que puede 
ser una referencia importante para que los integrantes del gremio ubiquen los temas que 
se han abordado en esta publicación periódica. Acompaña también a este Boletín una 
selección de imágenes tomadas de la fototeca de la Subdirección de Etnografía del Museo 
Nacional de Antropología; de los fondos «Fernández Cueto» y «35 mm»; de la Fototeca 
Nacional del INAH, así como fotografías propuestas por los propios autores de los 
artículos para acompañar sus textos. Esperamos que este Boletín contribuya a favorecer 
el intercambio y la comunicación entre los antropólogos en general y los integrantes del 
CEAS en particular. Enhorabuena. 



Adolfo López Mateos, Jaime Torres Bodet, Alfonso Caso y altos funcionarios de Educación Pública observando 
ruinas de Tepatitla en Teotihuacán, SINAFO. 


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Haciendo etnografía: un testimonio 

Andrés A. Fábregas Puig 

aa_fabregaspuig@hotmail.com 
CIES AS- Occidente 



Danza de Caíala, Fábregas, 2010. 


Mi formación como etnólogo 

Mi graduación como Etnólogo con la especialidad en Etnohistoria, y el grado de Maestro en Ciencias 
Antropológicas, ocurrió en el mes de diciembre de 1969. Había ingresado a la Escuela Nacional de Antropología 
e Historia (enah) en 1965, cuando tenía como sede el Museo Nacional de Antropología, en Chapultepec, 
Ciudad de México. En aquellos ayeres, cuatro años bastaban para obtener el grado de Maestro en Ciencias 
Antropológicas sin necesidad de pasar por la licenciatura, lo que cambió después al regularizar la Secretaría de 
Educación Pública los ciclos escolares de la educación superior. 

La planta de profesores con la que me encontré incluía a Paul Kirchhoff, Wigberto Jiménez Moreno, Roberto J. 
Weitlaner, Ricardo Pozas Arciniega, Luís González y González, Rosa Camelo, Jorge A. Vivó, José Luís Lorenzo 
Bautista, Arturo Warman, Carlos Martínez Marín, Guillermo Bonfil Batalla, Daniel Cazes, Margarita Nolasco, 
Julio César Olivé Negrete, Beatriz Barba de Piña Chán, Barbro Dhalgren, Johana Faulhaber, Carlos Navarrete, 
Román Piña Chán, entre otros. En 1966, se agregaría Angel Palerm a invitación precisamente de mi grupo, para 
que impartiera el curso de Introducción a la Teoría Etnológica. 

En la enah de ese momento tenía relevancia entre los estudiantes la orientación marxista, alentada por algunos 
profesores que impartían los cursos introductorios a la sociología y a la teoría social. Entre los estudiantes la 
afición marxista respondía a intereses de militancia política y a la confianza de que el socialismo era una etapa 
viable por la que había que propugnar. En ese contexto, dicho con tanta brevedad, tomé el curso que impartía 
el Ingeniero Roberto J. Weitlaner titulado Etnografía de México. Weitlaner trabajaba en Oaxaca a la usanza de 
los etnólogos clásicos. En su curso, explicó la etnografía como la capacidad que debe tener el etnólogo y el 
antropólogo social, para describir la totalidad de una cultura. Recuerdo las excelentes sesiones que Weitlaner 
nos obsequió describiendo a los Huaves de la costa oaxaqueña, haciéndolo con una identificación con la cultura 
que describía a grado tal, que uno podría asegurar que era un Huave quien hablaba. Así mismo, sus trabajos 
en la Chinantla siguen siendo un modelo etnográfico, clásico en la etnografía mexicana. Así, con Weitlaner 
aprendimos que etnografía quería decir descripción holística de una cultura. 


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Por su parte, en el curso dictado por Ángel Palerm 
-pocos con la influencia duradera que ha ejercido- 
él discutía los significados de la etnografía como 
la elaboración de una descripción similar a la que 
proponía Weitlaner, pero uniéndola a la etnología, 
como la fase teórica que elabora el antropólogo. Palerm 
insistió en que sin la etnografía era muy dudoso el 
paso a la etnología. Por supuesto, tanto en Weitlaner 
como en Palerm, la etnografía se asociaba al trabajo de 
campo y la observación participante. Para entender 
ello, Weitlaner nos hacía leer sus propios trabajos 
mientras Palerm, primero, nos remitió a Bronislaw 
Malinowski mientras nos hablaba de sus trabajos 
clásicos como el círculo del Kula y los Argonautas del 
Pacífico Occidental. 

Debo decir que en aquellos años (1965-1969), 
privaba el llamado "estudio de comunidad" en el 
contexto de las concepciones desarrollistas. Hacer 
que la "comunidad" progresara era una de las tareas 
del antropólogo, se decía. Había la impronta del 
esquema de Robert Redfield acerca del contínuum 
folk-urbano más las teorías de la aculturación inducida 
propuestas por el indigenismo. Sin embargo, fue 
desde la perspectiva de este último que, en parte, 
se rompió el esquema desarrollista de la comunidad 
para introducir a la región como la unidad principal 
de análisis, influyendo en ello las concepciones de 
Gonzalo Aguirre Beltrán acerca de la articulación 
regional y su análisis de las regiones interculturales 
de refugio. 

Palerm y Wolf habían usado el concepto de área 
propuesto por Julián Steward para estudiar el 
Acolhuacan además de que el primero nos hizo leer el 
texto de este último. Teoría y práctica del estudio de áreas 
(1955). En lo particular, Palerm me dio a conocer y a 
leer el trabajo de Steward y sus estudiantes, Robert 
Manners, John Murra, Eric Wolf y Sydney Mintz 
en Puerto Rico, lectura con la que aprendí cómo 
funcionan en el trabajo de campo conceptos como 
"niveles de integración" y "niveles de articulación" 
propuestos por el propio Steward. Con ello quiero 
decir que me formé justo en la transición entre los 
"estudios de comunidad" y el regreso a la primacía 
de los enfoques regionales subrayados años antes 
por Manuel Gamio, abriendo nuevas perspectivas al 
análisis antropológico. Pero antes de examinar esto 
último menciono que fueron muy importantes las 
excursiones que por la Cuenca de México hicimos 
con Carlos Navarrete y con Rosa Camelo, ejercicios 
de observación y de discusión, no sólo del paisaje 


y sus transformaciones, sino de la importancia de 
introducir medios históricos a la etnografía y admitir a 
la tradición oral como una fuente confiable y necesaria 
para la investigación. Además, tuve la oportunidad 
de recorrer durante muchos domingos, la Cuenca 
de México (llamada "Valle") con dos historiadores de 
la importancia de Jorge Olvera y Wigberto Jiménez 
Moreno, ambos escribiendo en la frontera entre la 
historia y la etnohistoria. 

Mi experiencia como etnógrafo 

Tuvo momentos iniciales decisivos trabajando con 
Guillermo Bonfil en lo que él llamó la "región 
de Chalco-Amecameca" y con Ángel Palerm en 
el Acolhuacán, en Texcoco, estado de México. La 
experiencia con Guillermo Bonfil me enseñó a 
trabajar el campo con la gente, a llevar un diario 
de campo y transcribirlo en fichas temáticas. Bonfil 
estaba interesado en los patrones de asentamiento 
del entorno rural de la Ciudad de México, en 
particular, los de la población que habitaba cerca de 
los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en el estado 
de México. El proyecto inició en 1967 con el trabajo 
de gabinete, examinando la obra de Fray Bernardino 
de Sahagún y de Domingo Francisco Chimalpahin 
Quauhtlehuanitzin, fichando cuanto dato pudiese 
ser significativo en términos del proyecto de 
investigación. Mientras tanto, se hicieron recorridos 
por los pueblos, introduciéndonos al paisaje y 
estableciendo las primeras conversaciones informales 
con la gente. En esos momentos, Bonfil afinó el 
proyecto para centrarlo en la organización religiosa y 
las prácticas rituales. 



Palerm y un grupo de estudiantes, Fábregas, Texcoco,1970. 


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Después de los recorridos descritos en el diario de 
campo y de la clasificación de los datos en fichas, Bonfil 
señaló que había que combinar varios criterios para 
identificar a la región que comenzó a llamar Chalco- 
Amecameca, a saber: el histórico, el geográfico y el 
etnográfico. Comparando la opinión de los llamados 
cronistas de Indias con los resultados de los recorridos 
por los pueblos (fuente de la etnografía) y los 
enfoques geográficos, Bonfil estableció los límites de 
la región bajo escrutinio: desde Chalco, pasando por 
Amecameca y hasta Cuautla, en el estado de Morelos. 
Escogió como tema particular de investigación el 
estudio de la organización de los Aureros, aquellos 
que piden la lluvia, ampliamente conocidos como los 
Graniceros. Por mi parte, estudié la cosmovisión de 
los campesinos a través de la creencia en los nahuales, 
que se distribuía por el territorio regional. 

La tarea que tenía frente a mí, era demostrar que 
un rasgo como el mencionado podía ser útil para 
describir a una región cultural. De esta manera, 
procedí a identificar la creencia en los nahuales y 
de allí, qué era el nahualismo. Una vez hecha esa 
identificación, me dediqué a recorrer la región 
señalada por Bonfil, desde el municipio de Chalco, 
estado de México, hasta el de Cuautla, estado de 
Morelos. Ese recorrido me dio la oportunidad 
de seleccionar los poblados en los que haría las 
entrevistas a profundidad. Al final, me quedé a vivir 
en la población de Tlayacapan, Morelos, pero llevé 
a cabo entrevistas y conversaciones con campesinos 
de origen o de habla náhuatl en Tlalmanalco, Chalco, 
Amecameca, Ozumba, Tepetlixpan, Tlayacapan y 
Tetelcingo (en los alrededores de Cuautla). Recorrí 
otros poblados haciendo observaciones y entrevistas, 
pero me concentré en los mencionados. 

La actividad del día consistía en salir desde 
Tlayacapan a alguno de los poblados escogidos en 
donde ya había concertado una o más entrevistas. 
Estas se realizaron en diversos escenarios, desde las 
casas de los interlocutores o a la vera de los campos 
de cultivo, o en alguna tienda pueblerina o durante 
alguna festividad. Llevé conmigo una pequeña 
libreta en la que anotaba no sólo lo que veía sino 
las entrevistas mismas, ayudándome también de 
la cámara fotográfica. Al regresar a donde vivía, 
transcribía las observaciones y las entrevistas en el 
diario de campo, en el que también guardé fotografías 
catalogadas y clasificadas. Pero la tarea no terminaba 
allí. Había que transcribir la información a un formato 
de fichas y hacer tres copias de la misma. Para ello. 


me auxilié de una máquina de escribir portátil (marca 
Olivetti) entre cuyos rodillos colocaba el papel 
formateado y el llamado papel calca o carbón entre 
esas hojas, para obtener el original y dos copias. Debía 
entregar el original a Guillermo Bonfil, quedarme con 
una copia y destinar la restante a un archivo general 
que se guardaba en el cubículo que ocupábamos en 
la Sección de Antropología en Ciudad Universitaria. 

Bonfil me visitaba en Tlayacapan con una frecuencia 
semanal, ocasión en la que discutíamos las fichas 
y mis impresiones adquiridas en la observación. 
Pero he de decir que Guillermo Bonfil enfatizaba 
conversaciones, el contacto con la gente. Aprendí 
con él a describir los mercados, a conversar con 
los comerciantes en sus propios ámbitos, a "hacer 
plática" con los compradores, a vivir en suma un 
escenario como el que describo. Así logré entender la 
importancia del trabajo de campo y de la observación 
participante, además de agudizar la sensibilidad 
hacia los olores, los colores, los sonidos, que produce 
la actividad humana en su relación entre sí o con 
ámbitos distintos. 

Hacer etnografía 

Este proceso inicia con la identificación del problema 
que uno desea resolver, el planteamiento del mismo 
y de cómo intentará uno resolverlo. Los recorridos 
de observación por la región escogida o por los sitios 
en donde se sitúa el tema de interés, constituyen una 
parte inicial que es fundamental para el desarrollo 
posterior de la investigación, que es la conversación 
con la gente, mucha de la cual es seleccionada a través 
de los recorridos. El uso de la cámara fotográfica es 
importante porque las fotos no son un adorno sino 
que formarán parte del texto mismo. La clasificación 
de la información, usando las guías como la de 
George Murdock o una elaborada por el propio 
investigador, es un paso necesario, que a su vez, exige 
llevar el diario de campo al día. Una parte esencial 
es el disfrute que uno experimenta al contacto con la 
gente, con sus ámbitos, su música, sus modos de ser, 
de hablar y de comer. 

Una de las insistencias de Bonfil era que para describir 
un poblado, se alcanzara el punto más alto posible y 
desde allí, llevar a cabo la observación. Generalmente 
el punto más alto es el campanario de la Iglesia. En 
muchas ocasiones me subí a los campanarios de las 
parroquias con un cuaderno de dibujo más mi libreta 
de notas, para elaborar los planos o croquis de los 


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poblados y hacer uso de la cámara fotográfica. Era 
una tarea agradable porque me permitió reflexionar 
sobre el paisaje, ver la huella humana en el mismo, 
además de concentrarme en las trazas elaboradas en 
el cuaderno de dibujo. Si uno ha leído a los cronistas 
del período colonial, la experiencia del campanario y 
de los recorridos resulta más completa, al establecerse 
a través de la observación, las relaciones entre una 
etnografía hecha siglos atrás y el paisaje que uno tiene 
por delante en el mismo escenario, transformado 
a lo largo de los años. Con Bonfil aprendí que la 
lectura de relatos literarios o los textos de viajeros, es 
imprescindible como parte del ejercicio etnográfico y 
que éste se debe caracterizar por la buena escritura. El 
etnógrafo debe amar la pluma, el acto de escribir, de 
usar la palabra como vía de la creación etnográfica, 
como forma de tejer el discurso antropológico. 

Con Ángel Palerm aprendí otros ángulos del quehacer 
etnográfico. A diferencia de Bonfil, Palerm enfatizó 
la observación, la práctica de aquel dicho de Pedro 
Armillas: "la antropología se hace con los pies". Ángel 
Palerm tuvo una visión holística de la experiencia 
etnográfica que para él se iniciaba con la observación 
del terreno y la aprehensión del mismo, a grado tal, 
que uno pudiera describirlo de memoria. Se inclinó 
por las estadías prolongadas en un lugar, el no 
escribir de prisa y ejercitar al máximo la capacidad de 
ver, asimilar lo visto y desprender de la observación 
las preguntas de investigación. Disfrutó, practicó y 
enseñó la investigación colectiva, la discusión intensa 
durante el período de observación etnográfica. 



En la Frontera Tabasco-Guatemala, Fábregasl984. 


La Casa José de Acosta 

Para asegurarse que la enseñanza de la antropología 
se hiciese en el terreno mismo, Palerm fundó junto 
con su esposa, Carmen Viqueira, la Casa José de 
Acosta, en el poblado de Tepetlaóztoc, estado de 
México, cercano a Texcoco. La región que quedó 
bajo el escrutinio de los estudiantes es la misma que 
él y Eric Wolf caracterizaron como el Acolhuacan 
y sobre la que escribieron textos clásicos. Aún no 
se ha evaluado la experiencia de esta Casa pero 
estoy en posibilidad de afirmar que constituyó una 
de las grandes innovaciones en la enseñanza de la 
antropología en México. 

Ángel Palerm y Carmen Viqueira invirtieron recursos 
y energía para que la Casa funcionara como un centro 
vivo de trabajo etnográfico y de discusión teórica. 
Célebres fueron las tardes y noches en que en aquella 
Casa conversaron y reflexionaron Ángel Palerm y 
Efraím Hernández Xolocotzi, admirado agrónomo 
de la Universidad Chapingo. Escucharlos constituyó 
para mí una experiencia que me enseñó el valor de 
la interdisciplinariedad, del intercambio de ideas, 
de la fortaleza de los diálogos encaminados a crear 
conocimiento. 

La llegada a la Casa José de Acosta implicaba iniciarse 
en una experiencia que abarcaba los procesos con 
los que uno se encuentra al hacer etnografía. Desde 
instalarse en la casa, en donde había tres tipos de 
dormitorios, el de mujeres, el de hombres y el de 
los profesores, hasta sentarse alrededor de la mesa 
en la sala-comedor, para intercambiar las primeras 
impresiones mientras se consumía la cena. Uno se 
encontraba en pleno proceso de trabajo de campo. 
Palerm era un gran conversador y además, desvelado, 
lo que hacía que la conversación no decayera hasta 
que el sueño vencía al auditorio. 

El día siguiente se iniciaba a temprana hora con el 
bullicio del desayuno, la preparación de lo que uno 
debía llevar para hacer el recorrido de observación. 
Palerm caminando al frente del grupo estudiantil 
explicabalascaracterísticasdelterreno,señalabapuntos 
de interés, relacionaba el paisaje con planteamientos 
de la ecología cultural o con alguna de las corrientes 
teóricas en antropología. La entrada a un poblado, 
la exigencia de Palerm para que se describieran los 
sistemas de cultivo dentro del mismo, los sistemas 
de regadío, el tipo de plantas, los instrumentos de 
trabajo, todo, constituía una experiencia intensa. 


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Muchas veces subimos al Texcotzingo, el cerro más 
alto del Acolhuacan, desde donde se veía la región 
en toda su extensión. Desde allí, sentado en una 
roca, Palerm traía a colación teorías tan complejas 
como las que propuso Karl Wittfogel para entender 
las relaciones entre el campesinado chino y el Estado. 
O hablaba de Julián Steward y el evolucionismo 
multilineal, ligándolo con la ecología cultural o las 
experiencias de John Murra en Perú, cuando no de sus 
propios trabajos en común con Eric Wolf. Al regresar a 
la Casa José de Acosta, después de un descanso breve, 
se organizaba la discusión con base en las notas que 
se habían escrito, las impresiones sobre lo observado, 
la relación entre las lecturas y el trabajo de campo. 
Además, Palerm nos enseñó el uso de la foto área y de 
los lentes llamados "pares" con las que se leían, como 
un medio para discutir el detalle del paisaje recorrido. 
Con todo, había que darse un tiempo para elaborar el 
diario de campo y las fichas. 1 La Casa José de Acosta 
llegó a ser un centro intelectual de gran viveza. Por 
allí pasaron antropólogos y antropólogas destacados, 
como Eric Wolf, William y Bárbara Sanders, David 
Kaplan, Robert Manners, Guillermo Bonfil, Richard 
Adams, Arturo Warman, entre otros. La lección que 
allí aprendí fue el trabajo en grupo en la investigación 
regional. 

Los Altos de Jalisco 

Algún tiempo después de esa experiencia en Texcoco 
y de la de Chalco-Amecameca, acometí el estudio de la 
región de los Altos de Jalisco, como responsable de mi 
primer proyecto, que además incluía el compromiso 
de dirigir las tesis de un grupo de estudiantes de 
antropología, con quienes compartimos tiempos 
vitales en nuestra formación. 2 Me dio la oportunidad 
de combinar los estilos de Bonfil y de Palerm, 
experimentar la influencia de dos maestros además 
de la de constituirme en profesor de antropología. 


1 Aún quedan en los archiveros de la Casa José de Acosta un cúmulo de 
fichas elaboradas por generaciones de estudiantes. 

2 El grupo se conformó con los estudiantes, Virginia García Acosta, María 
Antonieta Gallart Nocetti, Carmen Icazuriaga Montes, Tomás Martínez 

Saldaña, José Díaz Estrella, Román Rodríguez Cruz, Jaime Espín, Patricia 
de Leonardo Ramírez, Leticia Gándara Mendoza y el politólogo Gustavo 
del Castillo. 


En el grupo procedimos con libertad de escoger el tema 
que más nos atrajo, enmarcando cada investigación 
en el enfoque regional. Recorrimos juntos la región 
para establecer sus límites, hacer nuestras primeras 
observaciones, nuestros primeros contactos y escoger 
los lugares desde donde emprenderíamos la pesquisa. 
Experimentamos el hacer etnografía a través del trabajo 
de campo, la observación participante, la descripción 
de la gente y del paisaje, la discusión colectiva. En 
lo particular, exploré los archivos parroquiales para 
acumular información que me permitiera enlazar 
el presente con el pasado, comprender la dinámica 
histórica de una formación regional como la de los Altos 
de Jalisco. 

Años después, estudié al Estadio Jalisco, con los 
procedimientos etnográficos descritos, tratando de 
entender a los seguidores del Rebaño Sagrado, las Chivas 
Rayadas del equipo de fútbol Guadalajara. Describí esa 
experiencia en un libro titulado Lo sagrado del rebaño (2001). 

A modo de reflexión final 

Hoy las circunstancias son distintas. La violencia que 
cruza al país es un factor que puede llegar a impedir 
el trabajo de campo y el ejercicio etnográfico. Victoria 
Novelo elaboró un video sobre el tema que resulta 
de utilidad para la reflexión. 3 Hacer en la actualidad 
un recorrido puede significar un riesgo o el tomar 
precauciones que en el pasado se consideraban 
innecesarias. 

Así mismo, la tecnología de la computación y el teléfono 
celular permiten portar en un solo instrumento a la 
libreta de notas, el diario de campo, la máquina de 
escribir, la grabadora, la cámara fotográfica y la de 
video, además de la biblioteca y la fotografía aérea. 


3 El video se titula Trabajo de campo en tiempos violentos. 
Serie ANTROPOVISIONES, CIESAS, 2013. 



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Ello cambia las circunstancias en que el etnógrafo 
contemporáneo escribe las notas del recorrido de 
observación o transcribe las entrevistas, además de la 
elaboración del diario de campo, la clasificación de la 
información y la escritura de un texto. 

Aún así permanece lo básico de la etnografía como 
parte del proceso de crear conocimiento desde la 
antropología: la observación participante, el trabajo 
de campo, la elaboración del diario de campo y la 
clasificación de la información. Más aún, el ejercicio 
etnográfico permanece como el primer peldaño 
para llegar a la construcción de teoría y finalmente, 
alcanzar el conocimiento. 

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■fe 



Entre carretas, Fábregas, Chiapas, 2007. 


Guber, Rosana, 2001, La Etnografía: Método, Campo y 


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De indígenas en las ciudades y tribus urbanas 

Reflexiones sobre la etnografía de 
los indígenas en contextos urbanos 

Séverine Durin 

durin@desas.edu.mx 

CIESAS-Noreste 


Preludio 

¿Quiénes son los indígenas en las ciudades? ¿Cómo etnografiar sus vidas urbanas? ¿Dónde inicia la ciudad y 
dónde termina el trabajo de campo? ¿Cómo llevar a cabo trabajo de campo sin co-residencia? Estas y muchas 
otras preguntas hemos de hacernos a la hora de iniciar un proyecto de trabajo etnográfico con indígenas en las 
ciudades. 

Trabajar en la ciudad es, ante todo, trabajar en casa propia, en el espacio de vida del investigador, lo cual 
significa también retos en términos de des-construir el socio-centrismo. A partir de mi experiencia de trabajo 
con indígenas en la metrópoli regiomontana, quisiera compartirles algunas reflexiones sobre los retos de la 
etnografía de los indígenas en contextos urbanos. En mi experiencia, hemos de recordar que somos parte del 
escenario a analizar, asimismo abrir nuestra mirada hacia los actores urbanos que conviven con los indígenas 
en las ciudades. 

De indígenas en la ciudad y tribus urbanas 

Al concluir mi trabajo de campo doctoral en la sierra huichola de Jalisco, a partir del año 2001, me instalé en 
la ciudad de Monterrey y ahí redacté mi tesis doctoral. Mientras escribía, los roles de visitante y huésped se 
alternaron y recibí una querida amiga huichola en mi casa. Estaba interesada en vender artesanías y entonces 
descubrí un lado por mí desconocido de las vivencias de los huicholes en las ciudades. Esta experiencia me hizo 
reflexionar sobre cuál es el espacio vivido de los huicholes y hasta donde llegan los límites de la observación 
etnográfica. ¿Eran las ciudades de Monterrey, Puerto Vallarta, Cancón y la Ciudad de México espacios a 
considerar? Mientras dudaba acerca de la pertinencia de limitar las descripciones etnográficas a lo sucedido sólo 
en las comunidades de origen, pensé en ampliar el mapa de su espacio de vida más allá del tradicional territorio 
en forma de rombo que incluye sus lugares tradicionales de peregrinación fuera de su territorio comunal, pues 
los lugares de migración también eran parte de su espacio vivido. (Durin, 2003). 

Por si mi desconcierto no fuera suficiente, yo, la antropóloga especializada en la organización social de los 
huicholes, a punto de doctorarme como antropóloga por la Sorbona, escuché en múltiples ocasiones que existía 
un sitio sagrado huichol ubicado en una zona de cañones, conocida como La Huasteca, ubicado en un municipio 
conurbado de Monterrey (Santa Catarina). 

Al principio no daba crédito a esta afirmación. Las personas aseguraban que los huicholes venían a este 
lugar desde antaño, como lo habían hecho siempre sus antepasados. Unos amigos me llevaron al sitio y me 
explicaron que habían presenciado un ritual ahí. Y efectivamente, en un lugar de difícil acceso, ubicado a un 
lado de petrograbados, había un templo huichol, acorde con la estructura tradicional de un xiriki. Concluí mi 
investigación doctoral, con nuevas preguntas acerca de las experiencias de vida de los huicholes en su paso por 
las ciudades, y fue con un proyecto sobre huicholes en Monterrey que ingresé al CIESAS. 


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Interior del templo huichol en el Cañón de 
Guitarritas, Santa Catarina, Nuevo León, 
2003 (Foto S. Durin) 


A partir de agosto de 2004, y hasta el año 2006, realicé 
trabajo de campo en Monterrey con los artesanos 
huicholes en la ciudad. En razón de mi conocimiento 
de la sierra huichola, me fue muy fácil empatizar 
con ellos, y los acompañé en su trabajo diario como 
artesanos. Pasaban días enteros en espacios públicos, 
como parques, ferias o centros comerciales donde 
elaboran sus artesanías ante sus clientes potenciales. 



Venta-exposición de artesanías huicholas, 
Monterrey, septiembre de 2004 (Foto S. Durin) 


Estos artesanos, igual que yo, estaban extrañados ante 
la afirmación que había un sitio sagrado huichol en 
Santa Catarina, Nuevo León, aún más porque muchos 
procedían de una comunidad huichola que tenía el 
mismo nombre (Santa Catarina Cuexcomatitlán). No 


eran pocos los clientes y curiosos que se acercaban a 
ellos, preguntándoles al respecto. Al indagar, descubrí 
que un grupo de huicholes de Tepic, Nayarit, habían 
hecho amistad con adeptos de la Nueva Era (new age) 
desde inicios de los años noventa y habían participado 
en ceremonias sincréticas con indígenas de los Estados 
Unidos en La Huasteca de Santa Catarina. Esto había 
favorecido la creación de amistades y compromisos, 
por lo que año con año habían acudido a la ciudad, 
donde realizaban rituales para los new agers. 

El peregrinaje ancestral de los huicholes a La Huasteca 
era un fenómeno de invención de la tradición en el que 
tomaban parte habitantes de la ciudad, sedientos de 
aprender costumbres prehispánicas. Algunos de ellos, 
danzantes de la Mexicanidad, emprendieron viajes a 
la Sierra Huichola para danzar en la celebración de 
la Semana Santa en San Andrés Cohamiata, Jalisco 
(Durin y Aguilar, 2008). Ataviados como los indios de 
las danzas concheras, conformaban una nueva tribu 
urbana de regiomontanos indianizados. 



Danza azteca en la Basílica de la Virgen de Guadalupe, 
Monterrey, diciembre de 2004 (Foto S. Durin) 


Otros actores locales, del municipio de Santa 
Catarina, recibieron a estos huéspedes distinguidos 
con entusiasmo y empezaron a promover giras al 
lugar sagrado con motivo de la presencia anual de 
los huicholes. Años después, su principal promotor, 
Jorge Santiago Alanís Almaguer, fue presidente del 
Congreso del estado de Nuevo León por el Partido 
Nueva Alianza y promovió la elaboración de la Ley 
Estatal de Derechos Indígenas en el estado. 


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Jorge Santiago Alanís Almaguer e Irma Adriana Garza en un 
ritual en el Cañón de Guitarritas. (Foto cortesía del Municipio 
de Santa Catarina). 


Entender la vida de los huicholes en la ciudad había 
requerido interesarse en quiénes, además de la 
antropóloga, buscaban convivir con ellos: los urbanos, 
la tribu de los new agers. 

Espacios controlados y desigualdad 

Una situación similar ocurrió con el caso de las 
indígenas que trabajan en el servicio doméstico en 
Monterrey, siendo ésta la principal ocupación de 
las migrantes indígenas. 1 A partir de agosto 2004, 
coordiné un proyecto colectivo de investigación sobre 
indígenas en el área metropolitana de Monterrey, 2 con 
el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología 
(Conacyt), y uno de los principales hallazgos de este 
proyecto fue mostrar la preeminencia del servicio 
doméstico como empleo de las indígenas. 

Laura Chavarría (2008) y Adela Díaz (2008) analizaron 
la experiencia migratoria de las jóvenes procedentes 
de la región cultural conocida como la Huasteca, 
quienes llegan a trabajar en casa como "quedada". 3 
Para acceder a las vivencias de las jóvenes, era 
imposible realizar trabajo de campo en las casas donde 
se emplean y residen a lo largo de la semana. Luce 
absurdo imaginar la escena en que la antropóloga 
llega, mochila al hombro, y toca al portón de una casa 
para pedir permiso de realizar trabajo de campo, así 
como lo hacemos cuando llegamos a las comunidades 
rurales. 


1 En el año 2000, casi 80% de las indígenas trabajaban en el servicio 
doméstico (Durin, 2009), una tasa que se redujo a menos del 60% en 
2010 (Durin, 2014). 

2 Proyecto titulado "Migración indígena urbana en el noreste de México: 
el caso de Monterrey" 

3 Modalidad del empleo en que la trabajadora reside en casa de los 
patrones. 


Recuerdo todavía mi primera visita a la sierra huichola, 
cuando aún no era antropóloga, y el mecanismo 
para permitir la estancia de los visitantes. Con mi 
acompañante, tuvimos que entregar nuestra cámara 
fotográfica a las autoridades y pagar un derecho de 
estancia de una semana. Al día siguiente, un maestro 
nos invitó a su casa, y con esta puerta abierta inició mi 
historia con la antropología. 

Hemos de reflexionar acerca de la asimetría entre 
estas situaciones. Evidentemente, ciertos espacios son 
menos accesibles que otros, o bien, más controlados. 
Es más fácil acceder a una comunidad indígena, e 
instalarse ahí, casi como una plaga, que conseguir 
hacerlo en un contexto urbano, aún más en los sectores 
de alto poder adquisitivo que son quienes contratan 
trabajadoras de quedada. Incluso, lo común es que 
sus espacios habitacionales estén cerrados con bardas, 
con un acceso limitado a través de un sistema privado 
de vigilancia. Esta asimetría en términos de acceso 
es el corolario de la desigualdad entre campesinos 
indígenas y miembros de los sectores altos. 



Fraccionamiento cerrado, Monterrey 
(Fotografía Audrey Hoareau) 


Así que para llevar a cabo su trabajo de campo, 
Adela Díaz y Laura Chavarría recurrieron a la 
misma estrategia metodológica que Erika Vásquez 
y Horacio Hernández (2004) en Guadalajara, misma 
que consistió en acudir a los espacios públicos donde 
las jóvenes se concentran en sus días de descanso. 
En Monterrey, se reúnen en la Alameda Mariano 
Escobedo y en Guadalajara en el Parque Rubén 
Darío, ubicado en Zapopan, en la zona residencial de 
los empleadores. Esto les permitió conocerlas en un 
ambiente relajado, cuando pasean con amigas, primas, 
familiares o novios, y requirió mucha paciencia para 
lograr entablar relaciones de confianza con algunas 
de ellas. 


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La Alameda de Monterrey, abril de 2005 
(Foto Laura Chavarría) 


Otra estrategia a la que recurrió Laura Chavarría para 
analizar sus experiencias de violencia, fue realizar 
talleres con mujeres embarazadas en situación 
de desamparo hospedadas en un albergue. Años 
después, recurrí a esta misma estrategia para conocer 
las experiencias de maternidad de las trabajadoras 
domésticas, condición que es un parteaguas en sus 
trayectorias laborales. Pese a los alcances de estas 
investigaciones, había quedado como una asignatura 
pendiente reflexionar sobre la experiencia del servicio 
doméstico, sus significados para las indígenas, y 
una explicación acerca de la presencia masiva de 
las indígenas en este sector. Para esto, había que 
penetrar los espacios resguardados tras los cuales 
se desempeñan las indígenas como trabajadoras 
domésticas entre semana. 

Auto-instrumentalización e innovaciones 
etnográficas 

Mi deseo de conocer el mundo de las trabajadoras 
detrás de los muros y profundizar en el tema 
de su maternidad, me llevaron a plantearme 
una investigación sobre el servicio doméstico 
desempeñado por las indígenas. 4 Se trataba de 
emprender un viaje en las entrañas de la vida 
regiomontana, en torno a una actividad laboral que 
reúne a personas que pertenecen a clases sociales 
dispares, diferencias marcadas también en términos 
socioculturales. 


4 Es en este marco que coordiné de 2010 a 2012 el proyecto "Trabajo 
doméstico, género y etnicidad. Un estudio comparativo a partir del caso 
de las empleadas del hogar indígenas en Monterrey", para el que conté 
con el apoyo del Conacyt. 


Mi amplia experiencia de trabajo de campo urbano 
con indígenas en la ciudad resultó ser una ventaja 
para iniciar este nuevo trabajo de campo; contaba con 
relaciones con trabajadoras domésticas, y valiosos 
contactos. Por medio de la técnica de la bola de nieve, 
éstas me presentaron con amigas y familiares. En la 
medida de lo posible, procuré entablar relaciones con 
las empleadas domésticas más allá de las entrevistas, y 
siempre traté de volver a verlas para pasear y platicar. 
Con las más jóvenes, nos mandamos mensajitos por 
medio de nuestros teléfonos celulares y también 
estuve intercambiando en Facebook con ellas, y con 
mis colaboradoras más cercanas fui a sus pueblos. 

En particular, a una de ellas la considero una gran 
amiga, llevamos varios años de conocernos, por lo 
que he ido varias veces a su pueblo, y ella me visita 
regularmente en mi casa. Su colaboración y amistad 
han sido fundamentales para el desarrollo de esta 
investigación, y le estoy inmensamente agradecida. 
De la misma manera, me valí de mis contactos para 
entrevistarme con empleadoras, sea dentro de mi 
medio directo, o a través de amigas y conocidos 
quienes me pusieron en contacto con ellas. También 
realicé entrevistas con agentes de colocación, así 
como a una trabajadora social, un terapeuta sexual y 
un abogado, para tratar temas específicos. 

Una innovación la constituyó la forma en que creé 
distancia respecto del grupo social al que pertenezco, 
que podría calificar de clase media alta. Se trata de un 
sector privilegiado en términos de sus ingresos, acceso 
a bienes y capitales, y es común que sus integrantes 
sean empleadores de trabajadores domésticos. 
Pronto me di cuenta que las llamadas "muchachas" 
era un tema muy importante para muchas mujeres 
cuyos hijos acuden a la misma escuela que mi hijo, 
y que dentro de mi círculo social contratarlas era 
relativamente común. Al escuchar anécdotas, o 
presenciar situaciones, decidí tomar notas y redactar 
un diario de campo que incluyó estas experiencias 
surgidas de mi cotidianidad. 



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Niñeras en centro comercial, Monterrey 
(Foto S. Durin) 


Un ejemplo de lo anterior fue cuando visité casas 
en venta. Observé la organización espacial de las 
casas, las cuales solían tener cuartos de servicio, 
a veces en condiciones pésimas. Incluso, cuando 
conversé con los propietarios de una casa en venta, 
la señora se refirió a un baño diciendo que "nadie lo 
ha usado" a lo que su marido agregó "bueno, lo usó 
la muchacha". Esta manera de referirse a la empleada 
como "nadie" me causó un gran impacto, y decidí 
registrar la situación. Es así como fui registrando otras 
experiencias ocurridas fuera de escenarios y tiempos 
destinados a realizar el famoso trabajo de campo. En 
suma, asumí que formaba parte del campo, así como 
mi familia, amigos y conocidos. Eramos parte de los 
nativos a estudiar. 

Me es inevitable recordar la micro etnografía del 
desayuno familiar que Renato Rosaldo (1991) 
realizó para evidenciar los rituales de dominación y 
deferencia en su familia política. Lo grotesco de la 
escena, relatada con una forma de hablar que suena 
como la verdad, generó risas. Entonces se preguntó 
"¿Por qué un modo de composición pasa de ser 
burlesco a serio, dependiendo en gran medida de si 
se aplica a "nosotros" o a "otros"? ¿Por qué el lenguaje 
tan serio de la etnografía clásica casi siempre pasa a 
ser una parodia al tratarse de una autodescripción?" 
(1991:55). 

Más allá de la discusión que Rosaldo plantea en 
torno a la escritura etnográfica, el punto a destacar 


es la dificultad de construir objetos de investigación 
que implican analizar nuestro grupo social de 
pertenencia, o sea nuestras entrañas. Redactar un 
diario donde anotemos observaciones de nuestras 
vidas diarias es una estrategia para generar distancia 
del objeto, encarar el socio-centrismo, y al mismo 
tiempo reconocerlo como significativo para el grupo 
al que se pertenece. 

Conclusiones 

Etnografiar a los indígenas en las ciudades constituye 
una magnífica oportunidad para des-construir el 
socio-centrismo y analizar las relaciones ambiguas 
que los pobladores urbanos, especialmente de los 
sectores altos, mantienen con los indígenas. Mientras 
algunos destacan su sabiduría, sus saberes ancestrales, 
otros encuentran en los flujos migratorios de jóvenes 
indígenas mano de obra barata para limpiar casas y 
cuidar niños. Así como asumimos ser nuestra propia 
herramienta cuando realizamos trabajo de campo 
en espacios ajenos a los cotidianos, al ser etnógrafos 
en la ciudad hemos de auto-instrumentalizar 
nuestra experiencia cotidiana y estar atentos a las 
representaciones imperantes sobre los indígenas 
en nuestro medio inmediato y recurrir a la añeja 
técnica del diario de campo para tomar distancia y 
registrarlas. 


Bibliografía 

Durin, Séverine, 2003, Sur les routes de la fortune. Com- 
merce a longue distance, endettement et solidarité chez les 
Wixaritari (Huichol), Mexicjue, Tesis de doctorado en 
Antropología, París III - Sorbonne Nouvelle, Francia. 

Durin, Séverine (coord.), 2008, Entre luces y sombras. 
Miradas sobre los indígenas en el Area Metropolitana de 
Monterrey, CIESAS, CDI, México. En particular, los 
artículos de Laura Chavarría, Adela Díaz y S Durin- 
Alejandra Aguilar. 

-, 2009, En Monterrey hay trabajo para mujeres. 

Procesos de inserción de las mujeres indígenas en el área 
metropolitana de Monterrey, Comité Regional Norte de 
Cooperación con la UNESCO, CIESAS, CDI, México. 

Rosaldo, Renato 1991, Cultura y verdad. Nueva propuesta 
de análisis social, Grijalbo, Consejo Nacional para la 
Cultura y las Artes, México. 


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Mujeres y niños tzotziles de Pantelhó, en la Sierra de Chiapas, SINAFO. 


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Etnografía móvil, internet y 
diversidad de género 


Ana Paulina Gutiérrez Martínez 

pensardeotromodo@gmail.com 
El Colegio de México 


Palabras clave 

Etnografía, internet, fotografía, diversidad sexual, género 

La etnografía, más allá de la descripción 

El trabajo etnográfico ha sido utilizado desde hace varias décadas por disciplinas distintas a la antropología, 
como la sociología, la ciencia política y la psicología, dando como resultado investigaciones situadas y con 
cierto nivel de profundidad, sobre diversos temas que competen a científicos sociales (Guber 2004, Ingold 2014). 
Sin embargo, algunas veces ha sido minimizada y malentendida, como una técnica de investigación, que se 
suma al conjunto de herramientas utilizadas en investigaciones de corte cualitativo, limitando su alcance a la 
descripción detallada del contexto de estudio. 

Si bien llevar a cabo lo que se han llamado descripciones etnográficas 1 enriquece los resultados de algunas 
investigaciones, basadas en entrevistas en profundidad, grupos focales, y otras técnicas, la etnografía entendida 
de esta manera, pierde algunos de los elementos que la conforman como un método de investigación completo 
y complejo. 

La descripción forma parte fundamental de la etnografía, pero no es su única característica, ni la única 
contribución posible de este método a las ciencias sociales. La descripción, acompañada de un rapporí sólido, la 
observación, el registro en el diario de campo, la reflexividad y la escritura, conforman el método y dan origen 
a textos que permiten el análisis de las relaciones y los significados en distintos grupos sociales, de los cuales, ya 
sea de manera temporal o definitiva, el etnógrafo o etnógrafa, forman parte (Guber 2011). 

Uno de los pilares de la etnografía, es justamente la observación y el análisis de las relaciones que se gestan y 
desarrollan durante el trabajo de campo, entre los interlocutores y el investigador. La observación participante, 
categoría metodológica que se utiliza algunas veces de manera descontextualizada del método al que pertenece 
—y debido a ello pierde en algunas ocasiones su capacidad explicativa— no consiste solamente en que el 
investigador "se amigue" con sus interlocutores por medio de la convivencia y la empatia, sino que su propio 
papel en el campo detone relaciones sociales que nos hablan de la realidad que observa, registra, describe, 
analiza y escribe. 2 

La etnografía exige una serie de movimientos, que no pasos lineales, en su puesta en acción: observar, registrar, 
describir, cuestionar y escribir La escritura es parte fundamental del método. De ahí la importancia del diario, 
de las preguntas y de las respuestas que se van construyendo y transformando a lo largo del trabajo de campo 
etnográfico, en diálogo con la teoría y con la propia experiencia del investigador. 

1 Esta categoría se aleja de la descripción densa propuesta por el antropólogo Clifford Geertz (1988), cuyo planteamiento central es interpretar las 
culturas partiendo de su propia lógica organizativa y los códigos propios que circulan y se comparten. 

2 Para profundizar sobre la reflexión acerca del uso de la etnografía y su relación con la antropología, recomiendo el texto del antropólogo Tim Ingold, 
"That's Enough about Ethnography!", citado en la bibliografía. 


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Album en Facebook, Gutiérrez, 2015. 


Redes sociales en internet e identidades móviles 

El campo de las redes sociales en internet ha sido hasta 
ahora poco estudiado por las ciencias sociales. En los 
últimos años se han escrito algunos textos académicos 
sobre el tema, en el campo de la psicología, las ciencias 
de la comunicación, la sociología, y en menor grado, 
la antropología (Hochman 2014, Tifentale 2013, 
Manovich 2014, Rodríguez et al 2010, Tong et al 2008, 
Losh 2013). Tenemos pocas referencias sobre cómo 
hacer trabajo de campo en estas plataformas virtuales, 
y tenemos referencias teóricas y empíricas limitadas 
que nos permiten definir el campo de estudio y el tipo 
de relaciones sociales que lo conforman. 

Una de las principales características de las redes 
sociales en internet, es que funcionan como medios 
masivos de información y comunicación, a la vez que 
fungen como espacios, principalmente de carácter 
urbano, que contienen sociabilidades particulares. 
Los espacios son productos sociales que se asientan 
en ciertos territorios, que pueden ser más o menos 
fijos, es decir, pueden estar localizados y definidos en 
un sitio particular y no moverse, o pueden aludir a 
un territorio virtual en constante movimiento, como 
sucede con el ciberespacio. Las sociabilidades se 
entienden como relaciones sociales e interacciones 
particulares contenidas en ciertos espacios, mientras 
que lo urbano hace referencia a los procesos sociales 
que suceden en las ciudades (Gutiérrez 2015). 


La reflexividad es una herramienta que sirve para 
problematizar dicha relación entre investigador e 
interlocutores, y dislocar así las ideas y prácticas 
naturalizadas que son parte fundamental delproblema 
de estudio. Ya no es la objetividad, entendida como 
la distancia necesaria del investigador para preservar 
la pureza del campo que se observa, lo que interesa, 
sino las formas en las que el etnógrafo, con todos los 
elementos que le componen (edad, clase social, etnia, 
género) habita y transita en el campo, produciendo 
narrativas y acciones por medio de las cuales se 
identifica y diferencia de las personas con quienes 
investiga (Gutiérrez 2015, Guber 2011). 

Las sociedades y las personas están en constante 
transformación. El desarrollo tecnológico de las 
comunicaciones y las estrategias de mercado, por 
medio de las cuales se masifica esta tecnología, van 
influyendo en las nuevas formas de organización 
social y en la producción de subjetividades. Las 
personas se apropian de estos nuevos espacios, viven, 
transitan y se transforman con ellos. ¿Cómo debemos 
entonces, quienes hacemos investigación social con el 
método etnográfico, aproximarnos a esas realidades? 
¿Cómo delimitar el campo de estudio y dar cuenta de 
dichas transformaciones?. 


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Las redes sociales cambian constantemente su 
estructura y presentación. Agregan elementos que 
permiten interactuar de distintas formas a los usuarios 
y vincularse con la creciente cantidad de redes sociales 
en internet. Al mismo tiempo, los usuarios transitan 
entre redes sociales virtuales y redes sociales fuera del 
internet. El usuario no se aísla, como se afirma con 
frecuencia en círculos no especializados en el estudio 
de redes sociales, sino que mantiene los vínculos con 
las personas, instituciones, espacios y tránsitos que 
habita fuera del internet (Gutiérrez 2015, Winocour 
2006). 

La etnografía móvil puede facilitar, tanto la 
delimitación del campo de estudio, como el análisis 
del mismo. Por etnografía móvil me refiero a que 
el foco de la investigación son los tránsitos, la 
lógica del método y el seguimiento de los mismos. 
En la investigación que llevé a cabo con personas 
transfemeninas de la Ciudad de México, uno de los 
espacios más ricos para la observación y el análisis 
de las identidades de género y los recursos culturales 
y expresivos para su configuración, fue Facebook. 
La mayoría de mis interlocutoras integran estas 
tecnologías y los espacios y recursos que les brindan, a 
su vida cotidiana. En este caso de estudio, la principal 
función de Facebook, es fortalecer la comunicación 
local y fungir como un espacio seguro, que permite 
a la persona transfemenina, mostrar y jugar con su 
identidad de género por medio de los recursos que 
estas tecnologías ponen a mano (Gutiérrez 2015). 

Acotar el campo de estudio en una plataforma 
virtual es un desafío, debido a que son muchos los 
elementos que permiten interactuar a las personas 
por medio de distintos materiales, como fotografías, 
comentarios, videos, conversaciones privadas, entre 
otros. ¿Cómo definimos el ciberespacio y cómo una 
red social virtual? ¿Cómo los hacemos asequibles para 
la mirada etnográfica? ¿Cómo damos cuenta de sus 
constantes transformaciones? ¿Cómo hacemos para 
no perdernos en medio de la incesante circulación 
de materiales visuales y textos? A fin de resolver este 
primer reto en mi investigación, decidí hacer primero 
un registro etnográfico general, para después acotar 
los espacios y elementos que usaría en la observación 
y la participación. 

Decidí centrarme en las fotos de perfil, los comentarios 
y algunos eventos que reflejaran las tensiones 
alrededor de los distintos discursos normativos 
sobre lo trans, tanto dentro como fuera del Facebook. 
También decidí llevar el trabajo de campo hacia mi 


propia experiencia y subjetividad. Me detuve en la 
importancia metodológica y reflexiva, de mi papel en 
la red trans y retomé aquella pregunta que me hacían 
en el campo con insistencia: ¿tú qué eres? 

Se me ocurrió —a fin de analizar los límites aprendidos 
durante mi propia experiencia con el género— jugar 
con mi propio cuerpo y la plasticidad del género por 
medio del travestismo y la fotografía de esta práctica, 
así como la circulación en mi red de Facebook de 
mis propias fotografías. Mis amigos de Facebook 
comenzaron a interactuar al momento en que yo 
compartí los materiales visuales, por medio de "me 
gusta" y comentarios. Esto me permitió reflexionar de 
manera más tangible, más vivida, sobre lo que significa 
la experiencia personal de transgredir un orden social, 
en este caso, el orden de género. También me permitió 
dilucidar la relevancia de los tránsitos a los que me he 
referido. La gente que comentaba o gustaba de mis 
fotografías, era la misma gente que fuera del internet 
guardaba silencio sobre el tema o hablaba del mismo. 
Mi familia, mis amistades, mis interlocutoras. No era 
una isla. Me estaba mostrando ante un público de una 
manera distinta que, en menor o mayor grado, ponía 
en cuestión la idea de quién o qué soy. 

Las fotos que publicaba en mi perfil me daban 
existencia en Facebook y ponían en acción las 
relaciones sociales que mantenía de manera cotidiana 
en este espacio urbano. De la misma manera, mis 
interlocutoras configuraban su identidad de género a 
través de la fotografía de perfil. Estas se volvieron uno 
de los puntos más o menos fijos para la observación 
de los tránsitos de género en el ciberespacio, por 
medio de su uso. 

Consideraciones finales 

La idea de hacer una etnografía móvil me permitió 
poner en perspectiva los esencialismos recurrentes 
en los procesos de configuración identitaria, pero 
también frecuentes en la concepción que tenemos 
de hacer investigación, incluso en investigaciones 
etnográficas. La dificultad de seguir la pista a los 
tránsitos de mis interlocutoras, se tornó mucho más 
asequible en el momento en que me hice consciente 
de mis propios tránsitos entre lo virtual y lo no virtual, 
mi propia identidad dentro de la red y el carácter 
hibrido de mi propia investigación. 

La diversidad de tránsitos no alude en este trabajo 
sólo al género, sino a los desplazamientos teóricos y 
metodológicos necesarios para lograr adentrarme en 
un nuevo campo de estudio que tiene tantas aristas 


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como posibles fugas y puntos ciegos. El comprender 
la imposibilidad de "hacerme nativa", ese punto de 
partida epistemológico que nos rompe la cabeza en los 
múltiples intentos de lograr la aceptación de nuestros 
interlocutores, quedó desplazado por la idea de que 
no es lo idéntico lo que nos habla necesariamente del 
otro, sino el dinamismo entre lo distinto y lo similar, 
los discursos normativos de las distintas formas de 
configurar la identidad de género. 

El papel de la etnógrafa, con su cuerpo, su voz, su risa, 
sus dudas, su caminar, su mirada, aportó al trabajo de 
campo desde sus propios tránsitos. De esta manera, 
fue posible llevar a cabo una etnografía móvil, sin 
perder de vista los puntos donde las personas se fijan, 
aunque sea de manera breve y temporal, para situarse 
en el mundo social compartido. 

Mi propia cuenta de Facebook se convirtió en un 
recurso valioso para la investigación. Me permitió 
mantener contacto con mis interlocutoras habituales, 
así como la posibilidad constante de contactar nuevas 
interlocutoras e instituciones que ampliaran mi red. 
Además, fue una plataforma para realizar el trabajo 
de campo sobre la presencia y uso del cuerpo de 
personas transfemeninas en espacios virtuales, las 
interacciones en dicho espacio, entre las que me incluí 
yo con toda mi lista de intereses y amigos, previa a 
la investigación, y la influencia de estos dos aspectos 
en los procesos de configuración de la identidad de 
género de las personas transfemeninas. 

También se convirtió en un diario de campo in 
situ, donde me fue posible registrar y comentar la 
información por medio de las distintas herramientas 
que ofrece la red social. Esto me permitió volver sobre 
la información en la misma red a lo largo del trabajo 
de campo con fechas de registro precisas y articuladas 
con otros eventos ocurridos en las mismas fechas. 

Internet en general, y Facebook en particular, son 
medios de información y comunicación social que 
permiten a las personas transfemeninas comunicarse 
entre ellas. Sin embargo, son también sociabilidades 
urbanas, debido a que abren espacios en la red donde 
la persona transfemenina construye una imagen de 
sí misma, por medio de la fotografía de su perfil y de 
cierta información básica. 

Las personas transfemeninas habitan y transitan en 
dicho espacio virtual, por medio de un perfil en donde 
va quedando registrada lo que se llama su biografía, 
que equivale a su identidad y a su vida transcurrida 
en la red social. Una vez que crea su propia existencia 


en Facebook, comienza a compartir información y a 
interactuar con otras personas que poseen perfiles 
similares o distintos (dependiendo el objetivo de la 
interacción), entablando una amistad virtual que 
pone en acción performativas particulares, recursos 
compartidos para la configuración de la identidad de 
género y, por medio de herramientas más específicas, 
como el chat, va dando un carácter más íntimo a las 
relaciones que entabla en esta red social en internet. 

Se desplaza en este espacio virtual hacia los perfiles 
de sus contactos, participa en y de los materiales 
compartidos, emite su voz, que contiene ideas 
y reflexiones sobre el mundo, por medio de un 
teclado que lo transcribe. Facebook es un recurso 
tecnológico que las personas transfemeninas de la 
Ciudad de México utilizan como parte de su proceso 
de configuración identitaria de género, tanto para 
inventar su imagen pública y virtual, como para 
moverse en la red de personas trans (tanto femeninas 
como masculinas) y no trans, de una manera 
más segura, manejable e innovadora que la que 
usualmente encuentran fuera de internet. 

El estudio de las redes sociales en internet es relevante 
para la antropología y otras ciencias sociales, debido 
a que, por su intermedio y organización, podemos 
acceder a las subjetividades de las personas que las 
habitan y transitan. Es preciso adentrarnos en ellas 
a partir de una mirada etnográfica y, por medio del 
proceso que conforma este método de investigación, 
elaborar textos que permitan comprender las 
relaciones sociales que se gestan y desarrollan en su 
interior. 

Observar y analizar por medio de la etnografía móvil 
los procesos identitarios que se accionan en estos 
espacios, y de los que forma parte el investigador, 
permite la mejor comprensión de las sociedades 
contemporáneas y la adecuación de la antropología 
en estos nuevos campos de estudio. 



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Bibliografía 

Geertz, Clifford, 1988. La Interpretación de las Culturas. 
Barcelona, España: Gedisa. 

Guber, Rosana, 2004, El salvaje metropolitano. 
Reconstrucción del conocimiento social en el trabajo de 
campo, la ed. Buenos Aires: Paidós. 

-. 2011. La Etnografía. Método, campo y reflexividad. 

Buenos Aires: Siglo Veintiuno. 

Gutiérrez, Ana Paulina. 2015. Identidades trans 
femeninas. Sociabilidades, internet, narrativas y tránsitos 
de género en la Ciudad de México. El Colegio de México. 

Hochman, Nadav, 2014. Imagined Data Communities 
(February): 1-3. 

Ingold, Tim, 2014. "That's Enough about Ethnography!" 
Hau: Journal of Ethnographic Theory, 4 (1): 383-395. 


Losh, Elizabeth. 2013. Beyond Biometrics: Feminist 
Media Theory Looks at. 

Manovich, Lev, 2014. Selfiecity, New York. 

Rodríguez, Daniel, E Aguilar and Elias Said Hung, 
2010. "Identidad y Subjetividad en las Redes Sociales 
Virtuales: caso de Facebook." Zona Próxima, Universi¬ 
dad del Norte, Colombia (12): 190-207. 

Tifentale, Alise, 2013. "The Selfie: Making Sense of the 
'Masturbation of Self-Image'and": 1-24. 

Tong, Stephanie Tom, Brandon Van Der Heide, Lind- 
sey Langwell, and Joseph B Walther, 2008. "Too Much 
of a Good Thing? The Relationship Between Number 
of Friends and Interpersonal Impressions on Face¬ 
book." Journal of Computer-Mediated Communication 13 
(3): 531-549. 

Winocour, Rosalía. 2006. "Internet en la vida cotidiana de 
los jóvenes." Revista Mexicana de Sociología 3:551-580. 




Album en Facebook, Gutiérrez, 2015. 


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Hombres indígenas en una calle, retrato de grupo, SINAFO. 


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Los compromisos de la 
investigación participativa 


María Dolores París Pombo 

mdparis@colef.mx 

El Colegio de la Frontera Norte, Tijuana 


Resumen 

El propósito de este artículo es reflexionar sobre las distintas formas de compromiso que se implican en la 
investigación participativa. Explico, en primer lugar, la estrategia de acercamiento al campo que propusieron 
sociólogos y antropólogos latinoamericanos hace cerca de cuarenta años, en el marco de lo que denominaron 
Investigación Acción Participativa (iap). Expongo después algunas propuestas contemporáneas de investigación 
colaborativa para finalizar con reflexiones en torno a las transformaciones del campo de la investigación, así 
como sobre el compromiso social y político de los académicos. 1 

La investigación participativa 

Es una estrategia de acercamiento al trabajo de campo, en la que establecemos un compromiso a mediano y 
largo plazo con los sujetos de estudio. Las formas de compromiso pueden ser culturales, políticas o incluso 
de índole personal. Por ejemplo, algunas experiencias de investigación participativa pueden implicar una 
colaboración en un proyecto educativo, integrando un equipo de trabajo con investigadores y personas de la 
comunidad, con la finalidad de recuperar, difundir y transmitir saberes locales (Beaucage y Cortés; 2014). Estos 
proyectos educativos pueden darse en el campo de la salud, el arte o los recursos naturales. Otras formas de 
investigación colaborativa suponen, en cambio, un compromiso político, cuando los equipos de investigadores 
se asocian con una organización, una lucha o un movimiento social y diseñan proyectos de participación y de 
transformación del campo del poder (Fox; 2006). Finalmente, la inserción de los investigadores en los lugares 
de estudio puede darse a través de un compromiso personal que se expresa en el trabajo voluntario en las 
instituciones comunitarias y en la participación en diversas tareas colectivas. 

El propósito principal de la investigación participativa es romper con la relación de jerarquía y poder que 
suele establecerse entre el/la investigador/a —generalmente un/a extraño/a para la comunidad— y la población 
estudiada. Es por ello que este tipo de investigación se ha desarrollado como una crítica a la inserción tradicional 
del antropólogo-observador que pretende tener una inmersión en la comunidad y, a la vez, conservar la 
distancia frente al objeto de estudio. 

A diferencia del papel de este observador distante, que monopoliza la capacidad de generación y transmisión 
del conocimiento, la investigación participativa considera a todos los sujetos como observadores, analistas, 
creadores y constructores de su propia realidad social. Afirma Fals Borda (1987: 91): 

"La práctica ha enseñado que, dentro del marco del grupo clave, cualquier persona capaz puede ejecutar 
la inserción. Por eso está descartada la manera tradicional de distinguir entre 'gentes observadas' y 
'observadores' del proceso. Allí, tanto los unos como los otros trabajan conjuntamente, todos son sujetos 
pensantes y actuantes dentro de la labor investigativa. No ocurre así que unos exploten a los otros, como 
'objeto' de investigación, principalmente porque el conocimiento se genera y se devuelve en circunstancias 

1 Este artículo recupera una parte del capítulo de mi autoría titulado "De la Observación participativa a la investigación militante en las ciencias social 
les. El estudio de las comunidades indígenas migrantes", en Métodos cualitativos y su aplicación empírica: por ios caminos de la investigación sobre 
migración internacional, coordinado por Marina Ariza y Laura Velasco Ortiz, El Colegio de la Frontera Norte y Universidad Nacional Autónoma de México, 
2012. 


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controladas por el mismo grupo. A lo más habrá 
una división funcional del trabajo basada en la 
capacidad y experiencia personales". 

La investigación participativa parte de la perspectiva 
crítica de las ciencias sociales. Pone de relieve la 
agencia social, es decir las posibilidades de cambio 
social a través de la acción y de la reflexión del actor 
o agente sobre su propia acción. Esta reflexión se 
da de manera colectiva; el análisis crítico nace de la 
experiencia social práctica de los actores con los que 
nos interrelacionamos. Los investigadores pretenden 
además, incidir en la capacitación de los actores 
sociales o en la potenciación de sus habilidades para 
buscar soluciones a los problemas sociales, o para 
transformar a su favor las relaciones de poder. 

Si aceptamos a un agente social como contraparte 
en todo el proceso investigativo, se transforma —y 
nos transformamos a nosotros mismos— en sujetos/ 
objetos de estudio, o simplemente en participantes. 
La investigación se torna en un proyecto colectivo en 
el que cada grupo desempeña un rol particular. 

Esta posición señala una transformación 
epistemológica importante, ya que nuestras 
contrapartes (campesinos, trabajadores o grupos 
marginados) son consideradas como sujetos (y no 
objetos) de conocimiento y sus saberes y experiencias 
son valorados como parte central del proceso 
de investigación. En cuanto a los conocimientos 
"expertos" o científicos, forman parte intrínseca 
del diálogo sin situarse en una perspectiva de 
superioridad (Kesby; 2000: 425). Se establece así 
una relación de reciprocidad entre investigadores 
y agentes sociales. Dos propósitos orientan la 
investigación: la motivación de la participación de 
base y la producción de saberes contra-hegemónicos. 


Antecedentes de la investigación participativa 

En América Latina, las primeras reflexiones sobre 
la investigación participativa estaban ligadas a la 
pedagogía de la liberación, desarrollada a fin de la 
década de los años sesenta del siglo pasado por Pablo 
Freire e Iván Illich. Esta praxis pedagógica significó 
un rompimiento con las formas tradicionales de 
enseñanza que tomaban al educando como un 
objeto de transformación y propuso, en cambio, una 
educación emancipadora, en que las comunidades y 
las clases oprimidas irían ganando autonomía y poder 
a través de actividades productivas y reflexivas. Freire 
rechazaba la neutralidad de la ciencia y sostenía, en 
cambio, que el criterio de verdad estaba determinado 
por la praxis social, inmersa en una totalidad histórica. 

A principios de la década de los años setenta, el 
sociólogo colombiano Orlando Fals Borda recuperó 
los principios de la pedagogía de la liberación para 
desarrollar la metodología de la iap. 

Junto con otros investigadores del mundo entero 
—fundamentalmente de los países periféricos—, 
propuso la ambiciosa tarea de crear una "sociología 
de la liberación", entendida como: 

"una ciencia nueva, subversiva, rebelde, 
comprometida con la reconstrucción social 
necesaria, autónoma frente a aquélla que hemos 
aprendido en otras latitudes y que es la que hasta 
ahora ha fijado las reglas del juego científico." 
(Fals Borda; 1987: 15). 

La transformación de la ciencia hegemónica se 
operaba, por un lado, a nivel de los temas de 
investigación y de la determinación de grupos clave 
(pertenecientes a los sectores oprimidos) con quienes 
la ciencia debía identificarse y a quienes debía servir. 



Fondo Fototeca 35 mm, Etnografía, MNA. 


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La base teórica principal y el instrumental 
conceptual eran proporcionados por el marxismo, 
principalmente por las teorías de Antonio 
Gramsci sobre los procesos de contrahegemonía 
y el intelectual orgánico. Por otra parte, existía un 
fuerte impulso a desarrollar una ciencia social 
latinoamericana. En tal sentido, los creadores de 
la iap se basaban en las teorías dependentistas. Los 
escritos de Fals Borda expresaban también una 
crítica al colonialismo y al neocolonialismo. La 
liberación de los sectores oprimidos en América 
Latina implicaba, de alguna manera, la ruptura y la 
emancipación de la metrópoli europea. 

La influencia que tuvo la iap en un sector de 
intelectuales de izquierda no puede desligarse del 
desarrollo de los movimientos estudiantiles de la 
década de 1960, de los movimientos de liberación 
nacional y de las luchas guerrilleras en la región 
latinoamericana. Los movimientos de liberalización 
contra Estados autoritarios o totalitarios, contra las 
oligarquías y las elites corruptas, la falta de alternativas 
institucionales para los jóvenes, llevaron a muchos de 
ellos a alejarse del ámbito universitario para integrarse 
a movimientos campesinos y crear organizaciones 
urbano-populares. 

En ese ambiente de crítica social que movía en 
gran parte la investigación, en 1971 un grupo 
de antropólogos redactó la Primera Declaración 
de Barbados, en la que denunciaba la situación 
de dominio colonial a la que estaban sometidos 
los pueblos indígenas de América Latina, y al 
indigenismo, que no buscaba una ruptura radical 
respecto a dicha dominación. La Declaración criticaba 
también la labor etnográfica que consideraba a los 
pueblos indígenas como simples objetos de estudio 
(varios autores; 1971, Hale; 2006). 

A partir de la rebelión estudiantil de México en 
1968, algunos jóvenes sociólogos y antropólogos, 
como Bonfil Batalla, Gustavo Esteva o Rodolfo 
Stavenhagen, cuestionaron la complicidad de las 
ciencias sociales con el Estado y propusieron una 
ciencia al servicio de los pueblos indígenas. Por otro 
lado, el surgimiento de movimientos indígenas y 
campesinos independientes en esa época, obligó 
también a los antropólogos a tomar partido 
(Mattiace, Hernández y Rus; 2002: 24). Algunos se 
alejaron de la academia e impulsaron proyectos 
independientes que promovían una investigación 
participativa o en diálogo con los actores sociales. 
Fue así como surgieron el Circo Maya, en 1973, 
dirigido por Armando Bartra y el Instituto de 


Asesoría Antropológica para la Región Maya A.C. 
(inaremac) en 1974, encabezado por Andrés Aubry 
(: íbidem : 25). 

En otras partes del mundo, la década de los setenta 
representó también una ruptura con la herencia de 
la antropología funcionalista y estructuralista. En 
general, se reclamaba a las escuelas antropológicas 
hegemónicas su silencio sobre el colonialismo, la 
explotación y el saqueo de pueblos y territorios 
indígenas. Por ejemplo, en Africa Oriental surgió 
la propuesta de investigación participativa 
(Participatory Research Approach - prá), en franca 
ruptura con la observación participante, que había 
constituido hasta entonces la parte central del trabajo 
de campo de la escuela funcionalista en el continente 
africano. La escuela de historia oral, fundada en la 
Universidad de Dar Es Salaam, en Tanzania, criticó 
la metodología de la observación participante, 
asegurando que resultaba imposible la simultánea 
internalidad y externalidad del observador, y lo que 
hacía el antropólogo era fingir un papel para extraer 
subrepticiamente los saberes y conocimientos de 
las comunidades. Asimismo, denunció los falsos 
estándares de objetividad en la antropología 
funcionalista y exigió un compromiso pleno del 
antropólogo y del historiador con las comunidades 
y pueblos africanos; propuso reescribir la historia de 
una manera mucho más humanizada e imbuyó a los 
estudiantes de historia y antropología de un orgullo 
nacional y un compromiso con los movimientos de 
liberación africanos (Nabudere; 2008). 

Las escuelas de investigación participativa 
emanadas de los movimientos estudiantiles y de 
los movimientos de liberación nacional en los 
países periféricos llevaron, en algunos casos, a una 
ruptura con las universidades, al abandono de los 
cargos universitarios (Raman y Fals Borda; 1992) y 
también de los puestos de profesor-investigador. 
Para ciertos sectores de la izquierda, el derrotero fue 
simplemente la denuncia de la ciencia burguesa y un 
antiintelectualismo virulento. Otros decidieron que 
no valía la pena publicar para la burguesía ni para 
ganarse un título académico (Fals Borda, 1987:93). Su 
labor se centró entonces en la elaboración de materiales 
de divulgación y el desarrollo de técnicas especiales de 
comunicación que fueran efectivas para la capacitación 
y la investigación popular, así como para recuperar 
y sistematizar los conocimientos de indígenas y 
campesinos. 


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La iap en la actualidad 

Las condiciones actuales de la investigación en 
América Latina se inscriben en un contexto totalmente 
diferente al de hace cuatro décadas. Mientras que 
entonces, el marxismo y el pensamiento crítico 
tenían una fuerte influencia entre los intelectuales 
latinoamericanos y el ambiente académico estaba 
permeado por las luchas sociales, hoy día las políticas 
de privatización de la educación y los programas de 
evaluación, promoción y estímulo por productividad, 
han provocado la atomización de los investigadores y 
un distanciamiento cada vez mayor entre los centros 
de investigación y los movimientos sociales. 

En este contexto, la investigación participativa se ve 
obstaculizada por exigencias múltiples que pesan 
sobre el trabajo universitario y las evaluaciones a 
las que son sometidos regularmente los profesores- 
investigadores. Además de cargas excesivas de 
docencia, gestión, divulgación de la cultura, se les 
impone a los investigadores el requerimiento de 
publicar continuamente resultados para recibir 
estímulos complementarios al disminuido salario. Por 
su parte, los programas de estudio son presionados 
para titular en pocos años a los estudiantes, lo que en 
la nueva jerga universitaria se conoce como 'eficiencia 
terminal'. Estas condiciones limitan la realización de 
estancias prolongadas de trabajo de campo. 

Si bien han aumentado de manera considerable los 
recursos dirigidos a la ciencia y a la investigación 
en la mayor parte de los países de la región, las 
temáticas están cada vez más ligadas a criterios de 
rendimiento económico. En ocasiones, los grupos 
de poder determinan los problemas a investigar, los 
métodos y los resultados. Un ejemplo claro es el auge 
que ha cobrado la consultoría en muchos institutos 
de investigación, encargada por sectores privados, 
gobiernos locales o instituciones públicas, hasta 
el punto que ha llegado a representar una fuente 
indispensable de recursos para la sobrevivencia de 
muchos de estos centros. 

Las políticas neoliberales han tenido un efecto aún más 
devastador en los pueblos originarios. Los embates de 
élites y Estados depredadores, de las transnacionales 
y de los megaproyectos de desarrollo, han redundado 
en una nueva era de despojo y saqueo de los recursos 
naturales, desplazando de manera forzada a millones 
de personas desde las regiones indígenas. 

En este contexto, algunos académicos vuelven a 
discutir propuestas de investigación activista; pero 
estas propuestas difieren en varios aspectos de las 
que se hicieron en la década de 1970. Por ejemplo. 


no se proponen una ruptura con las universidades, 
sino que incluso se promueven desde la dirección 
de algunos departamentos académicos. En contraste 
con el antiintelectualismo que llegó a cundir en 
la izquierda latinoamericana, estas propuestas 
insisten en la necesidad de que la investigación 
participativa demuestre rigurosidad científica y no 
sólo compromiso político. El propósito de este tipo 
de investigación sería, de acuerdo con Charles Hale 
(2006:104), asumir un doble compromiso: por un lado, 
con la producción crítica del conocimiento; por otro, 
con los pueblos que luchan por sus derechos fuera del 
ámbito académico. 

Algunas universidades consideran prioritaria la 
investigación participativa: éste es el caso de la 
Universidad de Victoria, en Canadá, que ha propuesto 
la formación de una alianza global de universidades 
dedicada a la investigación comprometida con la 
comunidad (Schensul; 2010:314). Si bien siguen 
representando una opción minoritaria, y claramente 
en desventaja en relación al financiamiento y a 
los recursos disponibles para la investigación, han 
ganado cierta legitimidad en la academia. Esto se 
manifiesta, por ejemplo, en el otorgamiento en 2010 
del premio Malinowsky a Jean J. Schensul, director 
del Institutefor Community Research, una organización 
de investigación basada en la comunidad, es decir 
que produce conocimiento científico a partir de su 
compromiso con la comunidad y con pueblos en 
condiciones de pobreza u opresión, para tratar de 
modificar sus vidas (Schensul; 2010:307-308). 

Si bien la propuesta de la iap fue apagándose, a medida 
que los intelectuales regresaban a las universidades 
y asumían cargos de dirección en las mismas, 
muchos investigadores y algunas universidades 
públicas siguieron desarrollando programas de 
investigación, en colaboración con las comunidades 
campesinas e indígenas, las organizaciones populares 
y los movimientos sociales. Por ejemplo, el Programa 
Interdisciplinario Desarrollo Humano en Chiapas, que 
lleva a cabo la Universidad Autónoma Metropolitana, 
Unidad Xochimilco desde 1995, ha canalizado la 
investigación y el servicio social de numerosos 
estudiantes y profesores-investigadores de diversas 
disciplinas que colaboran con comunidades 
campesinas, cooperativas y organizaciones de 
la sociedad civil en materia de nutrición, salud, 
tecnología, producción, medio ambiente, educación, 
cultura, derechos humanos y participación política 
(Cortés et al.; 2009). 

En el marco de las migraciones de indígenas mexicanos 
a Estados Unidos, un grupo de científicos sociales 


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mexicanos y estadounidenses—entre los que destacó 
el antropólogo Michael Kearney— han militado, a 
lo largo de más de tres décadas, en organizaciones 
de migrantes que conforman actualmente el Frente 
Indígena de Organizaciones Binacionales (fiob). Es 
importante resaltar también el crecimiento de la 
intelligentsia indígena, que forma parte intrínseca 
de los movimientos sociales y que se ha abierto con 
dificultades espacios en las universidades públicas 
latinoamericanas y estadounidenses. 

Finalmente, algunos antropólogos han desarrollado, 
durante décadas, la investigación colaborativa 
en localidades o regiones que han terminado por 
asumir como propias, como parte de su compromiso 
personal y académico. En su regreso regular o en 
su permanencia en las comunidades o regiones 
de estudio, han llegado a formar parte de las redes 
sociales y culturales de las mismas. Con ello, han 
contribuido no sólo a la riqueza cultural y a las formas 
de resistencia política de los pueblos indígenas, sino 
también al desarrollo de la metodología etnográfica y 
del conocimiento antropológico (Beaucage y Cortés; 
2014; Mattiace, Hernández y Rus; 2002). 

Bibliografía 

Beaucage, Pierre y Pedro Cortés Ocotlán (2014) "De la 
encuesta clásica a la investigación participativa en la 
Sierra Norte de Puebla (1969-2009)", en La etnografía 
y el trabajo de campo en las ciencias sociales, editado por 
Cristina Oehmichen Bazán, Universidad Nacional 
Autónoma de México. 

Cortés Ruiz, Carlos et al. (2009) "Un modelo de 
vinculación de la universidad con la sociedad. 
La experiencia del Programa de Investigación 
Interdisciplinario 'Desarrollo Humano en Chiapas'", 
ponencia presentada en el Congreso Divisional El 
sistema modular, las ciencias sociales y las humanidades 
en el siglo XXI, 30 de septiembre al 2 de octubre de 
2009, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad 
Xochimilco. 

Fals Borda, Orlando (1987, 2- edición), primera 
edición en editorial Nuestro Tiempo en 1970, Ciencia 
propia y colonialismo intelectual: Los nuevos rumbos, 
Bogotá: Carlos Valencia Editores, 165p. 

Fox, Jonathan (2006) "Lessons from Action-Research 
Partnerships: LASA/Oxfam America 2004 Martin 
Diskin Memorial Lecture", Development in Practice, 
Vol. 16, No. 1 (Feb., 2006), pp. 27-38. 

Hale, Charles R. (2006) "Activist Research versus Cul¬ 
tural Critique: Indigenous Land Rights and the Con- 


tradictions of Politically Engaged Anthropology", 
Cidtural Anthropology, Vol. 21, Issue 1, pp. 96-120. 

Kesby, Mike (2000) "Participatory Diagramming: De- 
ploying Qualitative Methods through an Action Re¬ 
search Epistemology", Area Vol. 32, Number 4 (De- 
cember 2000), pp. 423-435. 

Mattiace, Shannan L., Rosalva Aída Hernández, Jan 
Rus (eds) (2002) Tierra, libertad y autonomía: impactos 
regionales del zapatismo en Chiapas, CIESAS y World 
Group for Indigenous Affairs, México. 

Nabudere, Dani Wadada (2008) "Research, Activism, 
and Knowledge Production", Engaging contradictions. 
Theory, Politics, and Methods of Activist Scholarship edit- 
ed by Charles R. Hale, University of California Press. 

París Pombo, María Dolores (2012) "De la observación 
participativa a la investigación militante en las 
ciencias sociales. El estudio de las comunidades 
indígenas migrantes", en Métodos cualitativos y su 
aplicación empírica: por los caminos de la investigación 
sobre migración internacional, Marina Ariza y Laura 
Velasco Ortiz (coords.). El Colegio de la Frontera 
Norte y Universidad Nacional Autónoma de México. 

Rahman, M. Anisur y Orlando Fals Borda (1992) "La 
situación actual y las perspectivas de la investigación- 
acción participativa en el mundo". Revista 
Comunicación, http://gumilla.org/biblioteca/bases/ 
biblo/texto /CO M199 694 14-20~. pdf 

Schensul, Jean J. (2010) "Engaged Universities, Com- 
munity Based Research Organizations and Third 
Sector Science in a Global System", 2010 Malinowsky 
Award, Human Organization, Vol. 69, N s 4, Society for 
Applied Anthropology. 

Varios autores (1971), "Primera Declaración de 
Barbados: Por la Liberación del Indígena", http:// 
www.servin d i.org /pd f/Dec B arbad os l .pdf 



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Mujer y niño amuzgo en un río, SINAFO. 


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Problemáticas etnográficas: 
la incertidumbre de los etnógrafos en campo 

Claudia Jean Harriss Clare 

claudia_harris@inah.gob.mx 
claudiajharriss@gmail.com 
Dirección de Etnología y Antropología Soda, INAH 



Guarijíos de San Juan Uruachi, Harriss, 2002. 


Introducción 

La mayoría de los investigadores integrantes del Programa Nacional de Etnografía del INAH tienen trayectorias 
en el trabajo de campo en distintas zonas indígenas de México. Por supuesto, "el campo" es una metáfora, ya 
que muchos de los grupos estudiados viven hoy día en zonas urbanizadas o fronterizas. 

En la actualidad, la etnografía mexicana y los estudios a profundidad entre las comunidades, como en otros 
contextos sociales de México y el mundo, se desenvuelven en situaciones y dinámicas extremas de violencia e 
inseguridad sin precedente. Esto implica que estamos expuestos a distintos y cambiantes riesgos, que dificultan la 
planeación y los métodos aplicados a la investigación. Más aún, algunas veces la violencia detiene o imposibilita 
la obtención de los datos culturales. 

En este contexto, las páginas siguientes ofrecen una reflexión somera acerca de algunos problemáticas que 
encuentran los investigadores cuando realizan las tareas etnográficas, a pesar de las condiciones y dinámicas 
violentas que prevalecen en el campo. En este marco, se describen algunos ejemplos de enfoques y estrategias 
ofrecidas por antropólogos que trabajan en zonas de conflicto, y se relacionan con algunas experiencias 
procedentes de la Sierra Tarahumara. 

Violencia y sociedad 

En México, los acontecimientos de inseguridad y violencia se recrudecieron en los años recientes, a partir de 
las políticas públicas enfocadas a la erradicación del tráfico de estupefacientes y, en general, por la inestabilidad 
social provocada por el crimen organizado y su penetración en múltiples planos de la vida nacional. Estos hechos, 
posiblemente más que en cualquier otro momento etnográfico, muestran que en la actualidad se confrontan 
campos sometidos a conflictos sociales de diferente índole, y en los cuales la observación participante, como el 
principal método etnográfico, se ejerce en cotidianidades agresivas. 


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Distintos motivos explican estos conflictos internos: 
el despojo de territorios y recursos, la violencia del 
Estado o la de los impulsores de megaproyectos, la 
presencia de grupos militares y paramilitares, policías 
o narcotraficantes, u otros elementos representados 
por algunos de los poderes fácticos que controlan el 
acceso y la vida cotidiana en las comunidades. Para 
citar sólo un ejemplo, en la Sierra Tarahumara, los 
sicarios y sus distintas jerarquías locales controlan 
la vida política y social, además del acceso y la 
movilidad de los etnógrafos para llegar y trasladarse 
a las comunidades de estudio. 

Asimismo, las etnografías avanzan a lugares que 
tienen largas trayectorias de violencia estructural, en 
donde es evidente la discriminación, las desigualdades 
sociales, la falta de seguridad alimenticia y la 
pobreza extrema. Algunos observan confrontaciones 
armadas o movimientos sociales, y otros trabajan 
en comunidades con desplazados, desaparecidos, 
feminicidios, muertes de hombres y jóvenes, 
situaciones y dinámicas que suscitan miedo, terror y 
el estrés crónico en los pueblos (y entre los propios 
antropólogos) durante la observación participante y 
después de las partidas. 

Linda Green (1995) señala que, en el caso de las 
comunidades mayas en Guatemala, los brotes de 
violencia producen miedo e incertidumbre y éstos 
perduran en el ambiente social mucho tiempo después 
de "superada" la crisis; a esto se le ha denominado 
"guerra de baja intensidad". Tal estrés crónico también 
forma parte de la vida diaria en muchas comunidades 
de la Tarahumara. Sin embargo, no se puede vivir en 
un estado constante de crisis y terror; de tal modo que 
el caos percibido se asume corporalmente y se reactiva 
con frecuencia en los sueños y en enfermedades 
crónicas (Green, 1995:109). 

Otra manifestación identificada es el duelo 
prolongado o continuo por la desaparición de seres 
queridos, cuando los familiares no pueden cerrar 
su ciclo de vida con ritos funerarios. Es importante 
señalar que, hasta ahora, no se dispone de cifras 
exactas de personas desaparecidas, ni de la gente 
desplazada por la violencia en México. 

En consecuencia, la inseguridad que vive la población 
nacional forma parte de las mismas experiencias de 
los investigadores en estas alteradas condiciones e 
inestables terrenos etnográficos. Los compromisos 
institucionales y personales de buscar, documentar, 
comprender, difundir y proteger la gran diversidad 
cultural del país, incluidas las lenguas, sistemas 


normativos, formas de organización, concepciones 
religiosas, prácticas, tradiciones, creencias y saberes, 
se ven alterados por estas circunstancias singulares. 

Sin duda alguna, muchos de los conflictos y situaciones 
de violencia en las comunidades, son representativas 
de las relaciones globales de poder, los sistemas 
de dominación y la resistencia reproducida en los 
escenarios locales (Nordstrom y Martín, 1992). Por lo 
tanto, es necesario reflexionar acerca de las funciones 
y relaciones actuales con las comunidades, sobre las 
posibilidades de afrontar esta incertidumbre, idear 
formas de sobrevivir a esta etapa de la historia nacional 
y, de igual modo, buscar maneras de ordenar, analizar 
y comprender las prácticas culturales particulares, 
tanto las que están subordinadas por la violencia, 
como las que se manifiestan como expresiones de 
resistencia cultural ante las situaciones adversas y los 
contextos de desorden social. 

Antropología de la violencia 

De modo preliminar, se proponen aquí dos 
consideraciones. La primera es la base conceptual 
trazada por la antropología de la violencia, misma 
que se apoya en distintas propuestas académicas, 
entre ellas las biológicas, sociológicas, psicológicas y 
criminalísticas. Se trata de un área que posee una larga 
tradición académica, con métodos científicos sólidos, 
cuyos enfoques distintos ofrecen variadas formas de 
aproximarse a la violencia como objeto de estudio. 



Panteón Maycoba, Harriss, Sonora, 2014. 


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Una ventaja de este enfoque para los etnógrafos 
reside en sus reflexiones analíticas, que ayudan a 
comprender la violencia observada y vivida por la 
gente y los etnógrafos. 

No obstante, esta orientación mantiene cierta 
distancia del "fuego cruzado", ya que pretende 
analizar la violencia sustraída del contexto social 
más amplio en el cual ocurre, o estudiar a los 
sobrevivientes en condiciones relativamente 
controladas. Esto no significa que los investigadores 
en esta línea no estén trastocados emocionalmente 
por las víctimas y los casos estudiados en situaciones 
clínicas, en entrevistas o en la información recopilada 
de censos y estadísticas. Más aún, es posible analizar 
la violencia desde sus representaciones simbólicas en 
la cultura popular o los medios masivos, por ejemplo 
la narcocultura, a partir de los estudios culturales. 1 

Se puede afirmar que a pesar de su relativo 
distanciamiento de las trincheras, la antropología de 
la violencia tiene gran vitalidad para la disciplina, ya 
que ayuda a los etnógrafos a ordenar y comprender 
las distintas violencias vividas en campo. Además, 
dentro de la antropología de la violencia figuran 
quienes proponen también la etnografía de la violencia. 

Esta vertiente surge de especialistas que iniciaron sus 
investigaciones con diferentes temáticas culturales 
que, al confrontar los conflictos armados y la violencia 
en campo, se vieron en la necesidad de modificar 
sus proyectos para reflexionar sobre su relación y 
compromiso de acuerdo con las realidades locales. 
Antropólogos como Nordstrom (1992), Nordstrom y 
Robben (1995), Robben y Suárez-Orozco (2000), Sluka 
(1995), Green (1995), Winkler y Hanke (1995), Kovats- 
Bernat (2002) y Rogers (2004), entre muchos otros 
más, proporcionan pautas para conceptualizar la 
etnografía en situaciones de violencia, 2 con particular 
énfasis en conflictos sociales eventuales o prolongados 
en campo, y el efecto de éstos en las comunidades y 
sobre los mismos etnógrafos. 

Además, ofrecen algunas medidas de seguridad 
posibles y consideraciones de orden ético para los 
etnógrafos o incluso para los investigadores activistas 
(Zulaika, 1995; Sluka 1995; Kovats-Bernat, 2002). 
Para estos autores, la violencia padecida durante 
sus investigaciones determina de algún modo los 
temas estudiados, sus propias participaciones y las 
capacidades creativas y pragmáticas desarrolladas 
para la sobrevivencia en estos terrenos. 


1 Para consultar algunos ejemplos de distintos enfoques de la antropología 
de la violencia, véanse Sanmartín y Vera (2006), Rosemberg (2013) y 
Harriss (2014). 

2 Varios autores, en Nordstrom, C y Robben ACG (1995). 


En resumen, se puede aseverar que la antropología 
y la etnografía de la violencia están en aumento, 
probablemente debido a que el mundo, en general, 
es cada vez más violento. En este sentido, según 
Rodgers (2004), la etnografía de la violencia es una 
propuesta activa y la antropología de la violencia, 
en virtud de su distanciamiento analítico, es pasiva. 
Desde un punto de vista personal, esta postura es 
debatible. Son áreas complementarias, ya que los 
dedicados a esta última, se encuentran también en las 
trincheras y se ven afectados por su cercanía con las 
víctimas-sobrevivientes, aun en condiciones clínicas 
controladas, y, por otro lado, sus aportes conceptuales 
apoyan a los etnógrafos para la comprensión y el 
análisis de lo vivido. 

No obstante, el interés etnográfico personal es otro, ya 
que está dirigido a las experiencias y las estrategias de 
los etnógrafos mexicanos para tratar de captar datos 
y tradiciones culturales de temas específicos, pese a 
las situaciones conflictivas y a la violencia vivida en 
el país. 

Hay que recordar que cada campo tiene sus 
particularidades y los etnógrafos requieren 
habilidades creativas y cierta adaptabilidad para 
medir los distintos y cambiantes apuros a los que se 
exponen. 



Tojiachi, Harriss, 2002. 


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Esto implica la capacidad de improvisación que, 
más allá de los métodos científicos, determina las 
posibilidades de tratar con episodios volátiles para 
captar los datos lingüísticos y las otras prácticas 
tradicionales de los pueblos autóctonos, no sólo 
vulnerados sino, en algunos casos, en peligro de 
desaparición por la misma violencia, marginación 
y discriminación que padecen. Es decir, la violencia 
en campo es un factor que desestabiliza las 
manifestaciones culturales y el tejido social en las 
comunidades, además de que pone a prueba los 
métodos y las capacidades de documentación durante 
la observación participante. 

Desde luego, una de los limitantes de este enfoque 
consiste en soslayar o subordinar los conflictos en los 
escritos etnográficos. En este sentido, se obtienen los 
datos de los contextos violentos. Infortunadamente, 
si se deja de lado la violencia en las comunidades 
para limitarse sólo a la ilustración de las estructuras 
sociales y la cultura, de algún modo se incurre en 
complicidad con los procesos de dominación. En 
consecuencia, es preciso entender las prácticas y las 
representaciones como mecanismos creativos de 
resistencia (conscientes o inconscientes) o, en su caso, 
como formas de persistencia cultural de los pueblos 
en condiciones adversas. 

Reflexiones finales 

Desde hace varios años, y a partir de distintos foros, los 
integrantes del Programa Nacional de Etnografía del 
INAH hemos sostenido conversaciones y discusiones 
formales e informales en torno de la pertinencia de la 
etnografía en la antropología mexicana moderna. 

Algunos proponen que los temas habituales, aun a 
partir de enfoques contemporáneos, llegaron hace 
tiempo a sus límites y ahora la antropología debe 
ampliar sus horizontes, lo cual representa una postura 
válida. Sin embargo, el método etnográfico de la 
observación participante que distingue la disciplina 
todavía produce frutos, aun en los campos peligrosos. 
En estos sitios, la reproducción y la socialización del 
patrimonio cultural de las poblaciones minoritarias, 
sus lenguas y sabiduría milenarias están en riesgo 
por la violencia. Esto exige conceder una mayor 
atención a la etnografía. Por consiguiente, la 
etnografía contemporánea se halla en condiciones 
de comprender, desde la observación participante, 
las prácticas creativas de las víctimas sobrevivientes; 
más aún, hace posible que el investigador articule las 
estructuras de dominación, discriminación y violencia 
en las comunidades. 


Uno de estos problemas es la imposibilidad de 
establecer estrategias estables en campos volátiles 
y peligrosos, donde no hay fórmulas ni orden. Es 
necesario ser flexibles y estar alertas a condiciones 
cambiantes para comprender los datos de las culturas 
y su reproducción dentro de contextos violentos, si 
la finalidad es entender los posibles significados de 
la resistencia y la creatividad utilizadas para asegurar 
la sobrevivencia social y cultural. Esta perspectiva 
permite incorporar la información etnográfica a 
los debates nacionales y comprender las relaciones 
entre los fenómenos locales y los procesos globales; 
asimismo, puede explicar el lugar esencial que tiene 
esta riqueza cultural en los derechos culturales y 
humanos en México. 

Además de las reflexiones señaladas, lo que pueden 
aportar las experiencias del trabajo etnográfico 
con los pueblos indígenas del norte de México en 
estos contexto violentos, es aún más elemental: la 
coordinación en el campo con los colaboradores 
locales, los avisos oportunos para evitar ciertos 
periodos del año (como los ciclos de cultivos, el tráfico 
de enervantes, las temporadas y lugares de asaltos 
o los horarios habituales de los sicarios), además 
de comprender los códigos éticos locales y saber 
comportarse en caso de estar confrontados. 



La Finca de Pesqueira, Harriss, Chihuahua, 2014. 


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Por desgracia, lo anterior implica la necesidad de 
negociar en ocasiones con los poderes tácticos de 
las comunidades. Sluke (1995) indica que, en su 
caso, confía más en los rebeldes irlandeses y menos 
en las policías y autoridades administrativas; o 
bien, Rodgers (2002) y Kovats-Bernat (1995) aportan 
distintas estrategias para trabajar en barrios bravos. 

Por último, los problemas de los etnógrafos en campos 
violentos son de dimensiones éticas, conceptuales y 
pragmáticas: no hay fórmulas. Pese a ello, con objeto 
de compartir con los colegas las implicaciones del 
ejercicio etnográfico en el actual momento histórico 
y las reflexiones que ello sugiere, es importante 
considerar que la simple presentación de datos 
culturales, sustraídos de los contextos violentos 
en que se reproducen las comunidades, supone el 
riesgo de no reconocer dimensiones importantes 
de las distintas realidades etnográficas o, peor aún, 
esterilizar, racionalizar y desestimar las condiciones 
de violencia, los motivos de los perpetradores, 
las experiencias de las víctimas y los mecanismos 
creativos de las propias comunidades para resistir 
y sobrevivir. Éstos, en última instancia, son los 
elementos que nutren las etnografías y la capacidad 
de comprender las relaciones de poder y resistencia 
en que se reproducen los pueblos con quienes 
trabajamos. 

Bibliografía 

Harriss Clare, Claudia Jean, "Los campos peligrosos. 
Apuntes sobre el trabajo etnográfico entre la violencia 
y el miedo", en Vigésima Aniversario, ENAH Chihuahua, 
INAH/ENAH, México, 2014, pp. 169-192. 


Kovats-Bernat, Christopher "Negotiating Dangerous 
Fields: Pragmatic Strategies for Fieldwork amid Violence 
and Terror", en American Anthropologist, 104 (1), 2002, 

pp. 208-222. 

Norstrom, Carolyn y Martin, Jo Ann (eds.), (1992) The 
Paths to Domination, Resistance and Terror, University of 
California Press, Berkeley, 1992. 

Nordstrom, Carolyn y Robben, Antonius C.G.M. 
(eds.), (1995) Fieldwork underfire: Contemporary studies 
of violence and survival, University of California Press, 
Berkeley, 1995. En particular, los artículos de Green, 
Linda, "Living in a State of Fear"; Sluka, Jeffery A., 
"Reflections on Managing Danger in Fieldwork: Dan¬ 
gerous Anthropology in Belfast"; Winkler, Cathy y 
Penelope Hawke, (1995) "Ethnography of the Eth- 
nographer" y Zulaika, Joseba, "The Anthropologist as 
Terrorist". 

Robben, Antonius y Suárez-Orozco, Marcelo M. 
(2002) Cultures UnderSiege. Colective Violence and 
Trauma, Cambridge University Press, Cambridge. 

Rogers, Dennis, "Haciendo del peligro una vocación. 
La antropología, la violencia y los dilemas de la 
observación participante", en Revista Española de 
Investigación Criminológica, REIC, AC-03-04, en 
línea, disponible en htt p://www.criminologia.net , 
consultado el 7 de febrero 2015. 

Rosemberg Seifer, Florence, (2013) Antropología de la 
violencia en la Ciudad de México: Familia, poder, género y 
emociones, INAH, México. 

Sanmartín, José y Vera Cortés, José Luis (coords.), 
"¿Qué es esa cosa llamada violencia?" en Diario 
de Campo, Suplemento número 40, noviembre/ 
diciembre, INAH, México, 2006. 




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Documentos 


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Juan Luis Sariego: 

in memoriam 

(Oviedo 1949 - Chihuahua 2015) 


Juan Luis Sariego Rodríguez nació en Oviedo, en la región de Asturias, en España, el 
25 de diciembre de 1949. Él y su hermano gemelo, Jesús Manuel, fueron el segundo 
y tercer hijos de los seis varones que tuvieron Silvino Sariego y Margarita Rodríguez. 

El abuelo paterno de Juan Luis fue minero, ejerció el oficio de entibador en las minas 
de carbón de Asturias. A él le dedicó Juan Luis su libro Enclaves y Minerales en el 
norte de México, en el que analizó las dinámicas laborales, urbanas y sociales en dos 
ciudades mineras, Cananea y Nueva Rosita. 

Esa intersección entre trabajo industrial y comunidad, que fue uno de los temas 
que atravesó toda la obra de Sariego, también se entrelaza con su biografía: cuando 
Juan Luis tenía 4 años, la familia se fue a vivir a Corrales de Buelna, una pequeña 
localidad cercana a Santander en la que toda la vida comunitaria giraba alrededor 
de la empresa siderúrgica "Nueva Montaña Quijano, S. A.", en la que su padre 
trabajó durante varios años como ingeniero. 

Como no había escuelas de bachillerato en donde vivían, sus padres decidieron 
inscribir a Juan Luis y sus hermanos en el Colegio del Sagrado Corazón, un internado 
de los jesuitas que recién se había abierto en las afueras de ciudad de León. Así, 
en octubre de 1969, cuando los gemelos aún no cumplían 10 años, comenzaron a 
estudiar en dicho internado. Al final del bachillerato Juan Luis estuvo un año en el 
Colegio de Burgos para preparar el examen preuniversitario. Después de aprobar 
este examen decidió incorporarse a la Compañía de Jesús y, en septiembre de 1966, 
se trasladó a Villagarcía de Campos (Valladolid) para iniciar su noviciado. 

Cómo parte de su formación, en los veranos tuvo que realizar las denominadas 
"experiencias sociales", en las que los novicios tenían que ganarse el sustento 
mediante trabajos, generalmente manuales. En su caso, en el verano de 1967, trabajó 
como peón albañil en una empresa de Ponferrada (León) y, durante el verano de 
1968, estuvo de asistente-enfermero en un asilo de ancianos y enfermos crónicos 
en Toro (Zamora). De 1968 a 1971 estudió la Licenciatura en Filosofía y Letras en 
la Universidad de Comillas, en Madrid, período en que fue consolidándose su 
compromiso político y social. 


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En 1971 decide irse como misionero a África, a la 
República del Chad, en donde vivió durante dos años 
en una comunidad nar. Para fortuna de la antropología, 
su superior en el Chad, un sacerdote belga que era 
lingüista, le prohibió hacer cualquier tipo de trabajo 
de convencimiento religioso y le dijo que su principal 
tarea consistiría en convivir con los nar y aprender 
su lengua, para redactar un método que sirviera para 
que los próximos misioneros aprendieran con mayor 
facilidad el nar. 

Nació entonces lo que fue la pasión de Juan Luis 
Sariego por el trabajo de campo antropológico. 
Apoyado en algunas nociones de lingüística 
estructural, se adentró en la cultura nar y en 1973 
escribió y publicó su primer libro: Recueil de textes nar 
(Tcliad). 

Al regresar a España, en 1973 y 1974, comenzó estudios 
de sociología con especialidad en antropología social, 
en la Universidad Complutense. En aquella época, 
en el contexto de la España franquista, no existían 
las mejores condiciones para estudiar antropología, 
por lo que comenzó a explorar alternativas para 
estudiar en otro país. Pensó en irse a Manchester, 
pero finalmente decidió irse a México, adonde llegó 
en 1975. Al poco tiempo de llegar a este país dejó la 
Compañía de Jesús. 

En la Ciudad de México estudió la Maestría en 
Antropología Social en la Universidad Iberoamericana, 
en donde conoció a Ángel Palerm, quien comenzó a 
dirigir su tesis sobre trabajo minero y comunidades 
mineras en Cananea y Nueva Rosita. A la muerte de 
Palerm, Carmen Viqueira dirigió la tesis de Juan Luis 
que, en 1986, obtuvo el Premio Fray Bernardino de 
Sahagún, otorgado por el INAH, a la mejor tesis de 
maestría en antropología social. 

Juan Luis trabajó de 1975 a 1977 como becario/ 
ayudante de investigación en el recién formado 
CISINAH (hoy CIESAS). En 1978 contrajo matrimonio 
con Patricia Cabrera Murillo y, en 1982, nació su hija 
Ana Yunuén Sariego Cabrera. Entre 1978 y 1982, 
Sariego fue profesor investigador del CIESAS, en 
donde participó en el proyecto de investigación "Los 
mineros mexicanos", junto con Victoria Novelo, José 
Díaz Estrella, Raúl Santana, Federico Besserer y Daniel 
González. Entre 1982 y 1998 trabajó en la Escuela 
Nacional de Antropología e Historia, en donde fundó 
la maestría en antropología social junto con Eckart 
Boege, Néstor García Canclini y Augusto Urteaga. 


Además de convertirse en un investigador académico 
reconocido, Sariego tuvo una fuerte sensibilidad social 
y se sentía muy atraído por proyectos de antropología 
aplicada. Esta inclinación se hizo patente en los meses 
que siguieron al terremoto de 1985, cuando coordinó 
la encuesta, realizada por el INAH, sobre "Los efectos 
sociales en el Centro Histórico de la Ciudad de México, 
derivados de los sismos de septiembre de 1985". 

En 1986 y 1987 coordinó un proyecto de investigación 
por convenio entre la Escuela Nacional de 
Antropología e Historia, la Comisión de Fomento 
Minero (CFM) y la Secretaría de Energía, Minas e 
Industria Paraestatal (SEMIP), para realizar un estudio 
sobre "La participación del Estado en el desarrollo de 
la minería mexicana durante el siglo XX". 

En esa época Juan Luis Sariego y Patricia Cabrera se 
divorciaron. Este hecho, junto a su experiencia de 
muchos años de investigar en el norte del país, hizo 
pensar a Juan Luis en la posibilidad de cambiar su lugar 
de residencia. En 1988 se fue a vivir a Chihuahua, con 
la idea de formar una carrera en antropología en esa 
entidad, tomando en cuenta que no existía ninguna 
alternativa de formación de antropólogos sociales en 
toda la región norte de México. Junto con Lourdes 
Pérez, Víctor Quintana, Luis Reygadas, Margarita 
Urías y Augusto Urteaga coordinó el estudio 
diagnóstico y la propuesta que llevaría, en 1990, a la 
fundación de la ENAH-Chihuahua (hoy Escuela de 
Antropología e Historia del Norte de México). Por 
diversas razones, los otros fundadores de la ENAH 
Chihuahua dejaron de trabajar en esta Escuela, pero 
Juan Luis Sariego continuó trabajando en ella durante 
el resto de su vida. 

A partir de 1993, Sariego estudió el Doctorado en 
Ciencias Antropológicas en la Universidad Autónoma 
Metropolitana, en donde presentó la tesis "La cruzada 
indigenista en la Tarahumara", dirigida por Esteban 
Krotz, misma que obtuvo el Premio Fray Bernardino 
de Sahagún otorgado por el INAH a la mejor tesis de 
doctorado en antropología social en 2001. 

En la ENAH Chihuahua fue también el fundador de 
la maestría en antropología social, la cual coordinó 
de 2003 a 2008. Invitados en su mayoría por Juan 
Luis, han impartido clases en esa Escuela decenas 
de los mejores antropólogos mexicanos. Durante 27 
años Juan Luis vivió en la ciudad de Chihuahua, los 
últimos 22 junto con Lorelei Servín, con quien se casó 
en diciembre de 1993. 


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La obra de Juan Luis Sariego es un referente en los 
estudios sobre la minería en México, lo mismo que en 
el campo de la antropología industrial y la práctica del 
indigenismo en México. En su legado antropológico 
quedan, entre muchas otras aportaciones, sus análisis 
sobre los procesos de trabajo en minas, maquiladoras 
y otras industrias, la indagación de las relaciones 
entre trabajo y entorno urbano, entre empresas y 
comunidades mineras, así como su discusión sobre 
las limitaciones del concepto de comunidad para 
explicar las realidades de los raramuri, y sus agudos 
análisis sobre los modelos de desarrollo en la Sierra 
Tarahumara. 

Paladín de la antropología aplicada, sus escritos son 
muy sólidos desde el punto de vista académico y 
conceptual. Defensor enjundioso de la antropología 
norteña, sus reflexiones se enraízan en las 
mejores tradiciones de la antropología mexicana y 
mundial. Sus alumnos lo describen como maestro 
comprometido que se entusiasmaba en sus clases, 
a las que llegaba siempre con textos y materiales 
audiovisuales preparados por él. 

Apasionado del trabajo de campo investigó y formó 
a muchas generaciones de antropólogos sobre el 
terreno, ya fuera en las minas de Hidalgo, Sonora, 
Coahuila, Chihuahua, Zacatecas y San Luis Potosí, 
en el centro histórico de Chihuahua y de la ciudad 
de México, en las maquiladoras de Ciudad Juárez, en 
los campos agrícolas de Sonora o en las montañas y 
barrancas de la Sierra Tarahumara. Supo combinar el 
trabajo etnográfico con la investigación cuantitativa y 
el trabajo de archivo. 

Generoso constructor de instituciones, dejó una 
huella profunda en el CIESAS, en la ENAH y en la 
ENAH-Chihuahua. Obtuvo numerosos premios 
y distinciones, perteneció al Sistema Nacional de 
Investigadores desde 1987 y, en 2012, fue nombrado 
profesor emérito del INAH. 

Juan Luis Sariego murió el 4 de marzo de 2015 en 
la ciudad de Chihuahua. Será recordado como 
antropólogo, investigador y maestro, pero más 
que nada como un buen hombre, generoso y 
comprometido, que compartió sus palabras, su 
sabiduría y su amabilidad en todos los lugares en que 
vivió y trabajó. 

Además de numerosos artículos, capítulos de libros 
e informes de investigación, en la obra de Juan Luis 
Sariego destacan los siguientes libros: 


1973, Recueil de textes nar (Tchad), Ed. Groupe de 
Recherche, Fort Archambault, República del Chad, 
Africa. 

1978, Los mineros de la Real del Monte. Características de un 
proceso de proletarización, Cuadernos de la Casa Chata, 
CISINAH, edición agotada, México. 

1978 Educación y trabajo en el sector industrial. Diseño 
de investigación, Centro de Experimentación para el 
Desarrollo de la Educación Tecnológica (Cedeft. OEA- 
SEP), México. 

1980, Educación y trabajo en el sector pesquero, Centro de 
Experimentación para el Desarrollo de la Educación 
Tecnológica (Cedeft, OEA-SEP), México. 

1983, en coautoría con Besserer, Federico y Victoria 
Novelo, El sindicalismo minero en México. 1900-1950, Era, 
México. 

1987, en coautoría con Cimet E., M. Dujovne, N. García 
Canclini, J. Gullco. C. Mendoza, F. Reyes, G. Soltero 
y E. Nieto, El piiblico como propuesta. Cuatro estudios 
sociológicos en museos de arte, Cenidiap, Colección Artes 
plásticas, INBA, México. 

1988, Enclaves y Minerales en el norte de México. Historia 
social de los mineros de Cananea y Nueva Rosita. 1900-1970, 
Ediciones de la Casa Chata, México. 

1988, en coautoría con L. Reygadas, M.A. Gómez y 
E J. Farrera, El Estado y la minería mexicana. Política, 
trabajo y sociedad durante el siglo XX, Fondo de Cultura 
Económica, edición agotada, México. 

1994, La lucha de los mineros de Chihuahua por el contrato 
único (1937-1938), Universidad Autónoma de Ciudad 
Juárez, Ciudad Juárez, Chih. 

1998, en coautoría con Contreras, O., A. Covarrubias, 
M.A. Ramírez, Cananea. Tradición y modernidad en una 
mina histórica, M. A. Porrúa y El Colegio de Sonora, 
México. 

1998, Sariego, J. L. (coordinador) Trabajo, territorio y 
sociedad en Chihuahua durante el Siglo XX. Historia General 
de Chihuahua, Tomo V. Período Contemporáneo, Gobierno del 
Estado de Chihuahua, ENAH Chihuahua y Universidad 
Autónoma de Ciudad Juárez, Chihuahua. 

1998, El Indigenismo en Chihuahua. Antología de Textos, 
ENAH, Chihuahua-Fideicomiso para la Cultura México- 
USA, Chihuahua, 1998. 


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2003, El indigenismo en la Tarahumara. Identidad, 
comunidad, relaciones interétnicas y desarrollo en la Sierra 
de Chihuahua, INI-INAH, México, 2003. 

2006, San Ignacio deArareko. Guía para adentrarse al entorno 
natural y al saber tarahumara, Gobierno del estado de 
Chihuahua. 

2007, Los jornaleros agrícolas, invisibles productores de 
riqueza. Nuevos procesos migratorios en el noroeste de 
México. Plaza y Valdés, Fundación Ford y Centro de 
Investigación en Alimentación y Desarrollo, México. 

2008, La Sierra Tarahumara: travesías y pensares. 
Colección ENAFF Chihuahua, Chihuahua, México. 

2008, Retos de la antropología en el Norte de México. 
Primer Coloquio Cari Lumholtz en el 15 aniversario de 
la ENAH Chihuahua. Colección ENAH Chihuahua. 
Chihuahua, México. 


2008, El Norte de México. Entre fronteras. Segundo 
Coloquio Cari Lumholtz. Colección ENAH Chihuahua, 
Chihuahua, México. 

2011, La antropología de las orillas: prácticas profesionales en 
la periferia de la antropología mexicana. Libro coordinado 
conjuntamente con Victoria Novelo. Ediciones de la 
Universidad Intercultural de Chiapas, San Cristóbal 
de las Casas, Chiapas. 

2014, Temas emergentes en la antropología de las orillas. 
Libro coordinado conjuntamente con Victoria Novelo. 
Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, 
San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 

Luis Reygadas 

Ciudad de México, marzo de 2015. 



Mujer tarahumara se pinta el rostro . SINAFO. 


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Informe de la gestión del 
Consejo Directivo CEAS 
noviembre 2013 / noviembre 2014 


De acuerdo al Plan de Trabajo presentado en la Asamblea Ordinaria de Socios del 
ceas, celebrada el 21 de noviembre de 2013, fecha en la que fue electo el Consejo 
Directivo 2013-2015, y en cumplimiento de los Estatutos del Colegio, presentamos 
a la Asamblea General el Informe de actividades realizadas en este primer año de 
gestión de este Consejo Directivo. 

I. Fortalecimiento de la organización del ceas 

Informamos a los socios que en lo relacionado con el fortalecimiento del Colegio 
nos dedicamos a actualizar, ante la Dirección General de Profesiones de la SEfi los 
documentos que se requieren para mantener su registro como colegio profesional. 
Estos consisten en la entrega de los informes anuales de la gestión de cada Consejo 
Directivo, el registro de nuevos socios, así como los informes del servicio social 
profesional, que se refiere a la obligación que tenemos, como socios del colegio, de 
realizar una serie de actividades a favor de la sociedad, sin fines de lucro. 

Las actividades de fortalecimiento de la organización del Colegio también están 
relacionadas con distintas actividades como son la organización de seminarios, 
mesas de debate, cursos, así como con la difusión de las actividades académicas 
y profesionales de la comunidad antropológica, especialmente la mexicana, pero 
de igual forma difundimos información de otras latitudes como las actividades 
académicas, becas y programas de formación antropológica en el continente 
Americano y algunas de Europa. 

Actualización y registro de Informes ante la Dirección General de Profesiones 
de la SEP 

Los trámites de registro de las obligaciones del Colegio ante la Dirección de Profe¬ 
siones de la SEP se encuentran actualizados, quedando solamente por registrar el 
Acta Electoral de este Consejo, protocolarizada por notario público. 

Los trámites realizados fueron los siguientes: 

a) Se registraron los Informes de actividades de los Consejos Directivos del CEAS 
correspondientes a las siguientes gestiones: 

2010- 2012 Consejo presidido por Laura R. Valladares de la Cruz, y 

2011- 2013 Consejo presidido por María Antonieta Gallart Nocetti. 


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b) Se registraron 17 nuevos socios: 


No. 

NOMBRE 

CÉDULA PROFESIONAL 

1 

Miguel Antonio Zirión Pérez 

6207148 

2 

Claudia Alejandra Purco Sánchez 

4769152 

3 

Cristina Verónica Masferrer León 

6490298 

4 

Daniel Nahmad Molinari 

5852535 

5 

Gerardo Conde Guerrero 

4528522 

6 

Karina Pizarra Hernández 

5684295 

7 

Lizeth Pérez Cárdenas 

7004664 

8 

Maria Cristina Cobos López 

5610549 

9 

Ana Cristina Ramírez Barreto 

7244435 

10 

Ludka Enriqueta Krupskaia de Gortari Krauss 

1279450 

11 

Andrés Latapí Escalante 

1764758 

12 

Elena Nava Morales 

4876111 

13 

Dahil Mariana Melgar Tisoc 

6491005 

14 

Ana Hilda Ramírez 

5922731 

15 

Rodrigo Ramírez Autrán 

5540491 

16 

María del Carmen Castillo Cisneros 

4731797 

17 

Leonardo Salas Domínguez 

7860601 


c) Se dio cumplimiento al registro del denominado "Reporte del cumplimiento del Servicio 
Social profesional del ceas, quedando registradas las siguientes actividades para el periodo 


de 2011 al 2014. 


No. 

NOMBRE DEL PROFESIONISTA 

ACTIVIDAD REALIZADA 
(DOCENCIA, ASESORÍA, 
INVESTIGACIÓN, 
CAPACITACIÓN, ETC.) 

NÚMERO DE 
PERSONAS 
BENEFICIADAS 
(APROXIMADAS) 

1 

Leonor Paulina Domínguez Valdés, Céd. Prof. 1010468 

Investigación para el Campo 
estratégico en Pobreza y exclusión. 
(CEAPE), Sistema Universitario 
Jesuíta, 2011 y 201 2 

200 

2 

María Guadalupe Alicia Escamilla Hurtado, 

Céd. Prof. 0915215 

Conferencia: "Ética y valores en los 
cuerpos colegiados" celebrado del 

9 al 10 de diciembre de 2011 
en Mérida, Yucatán. 

150 

3 

Lizeth Pérez Cárdenas, Céd. Prof. 7004664 

Taller sobre perspectiva de Género 
a mujeres líderes de la organización 
UNMIC A.C.,abril 2011. 

20 

4 

Dahil Mariana Melgar Tisoc, Céd. Prof. 6491005 

Investigación del proyecto 
"Construcción y efectos del miedo 
en la migración indocumentada: 
un estudio comparativo sobre 
fronteras, vulnerabilidades y 
subjetividades". 2011. 

200 

5 

Laura Raquel Valladares de la Cruz, Céd. Prof. 2859950 

Conferencia: "Las antropologías 
Latinoamericanas". Reunión de la 

Red de Antropología del 

Mercosur RAM), del 10 al 14 de 
julio 2012 en la Universidad Federal 
de Paraná, Curitiba, Brasil. 

180 


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No. 

NOMBRE DEL PROFESIONISTA 

ACTIVIDAD REALIZADA 
(DOCENCIA, ASESORÍA, 
INVESTIGACIÓN, 
CAPACITACIÓN, ETC.) 

NÚMERO DE 
PERSONAS 
BENEFICIADAS 
(APROXIMADAS) 

6 

María Antonieta del Carmen Gallart Nocetti, 

Céd. Prof. 0420398 

Seminario de dos sesiones 

"La política alimentaria en México" 

2 de marzo de 2012, y 

"el Mercado de la tierra en México" 

el 9 de mayo de 2012 

170 

7 

Patricia Torres Mejía, Céd. Prof. 0419808 

Taller "Ética y Antropología" para 
los estudiantes, miembros del comité 
académico y profesores de la maestría 
en Antropología Aplicada. UQROO, 

22 al 26 de enero 2013. 

70 

8 

Ricardo Alejandro Fagoaga Hernández, 

Céd. Prof. 3571644 

Seminario en la Escuela Nacional de 
Antropología e Historia sobre: 
"Geografía histórica e historia 
de la cartografía". Los días 23, 24 
y 26 de abril de 2013. 

150 

9 

Laura Raquel Valladares de la Cruz, Céd. Prof. 2859950 

Diplomado "Igualdad sustantiva y 
acceso a la justicia para mujeres 
indígenas". Tribunal Supremo de 
Justicia de Oaxaca, febrero 2014. 

40 

10 

María Guadalupe Alicia Escamilla Hurtado, 

Céd. Prof. 091 521 5 

Conferencia "La ética en la 

Antropología en México", impartida a 
los representantes de la Red Mexicana 
de Instituciones formadores de 
Antropólogos, Academia de 
Antropología de la Universidad 
Autónoma de Guerrero, 

Tixtla Guerrero, marzo 2014. 

50 


Actividades convocadas por el CEAS y difusión de eventos relevantes para la antropología 
a través de las redes sociales 

II. Articulación con la antropología mexicana y mundial 

Como parte de nuestra presencia como Colegio frente a la sociedad mexicana y a nuestra 
disciplina organizamos dos actividades relevantes: 

a) Mesa Redonda «Políticas públicas, género y derechos indígenas» 

El 29 de mayo de 2014 se organizó la Mesa Redonda «Políticas públicas, género y derechos 
indígenas» en el Instituto de Investigaciones Antropológicas, unam. Esta fue la respuesta 
académica del ceas a las declaraciones del l e de mayo de 2014 de Rosario Robles, responsable 
del Programa Oportunidades para el Desarrollo Rural, que en una desafortunada declaración 
señaló que .no se confundieran las indígenas, que no por tener más hijos recibirían más 
apoyos económicos". En este contexto, el ceas además de debatir esta declaración, consideró 
relevante convocar a una mesa de debate que reflexionara sobre las políticas públicas 
puestas en marcha por los últimos gobiernos federales, y desde una mirada crítica, señalar 
sus límites y resultados, con miras a presentar una evaluación propositiva. 

Los participantes en esta mesa de debate fueron: 

Alejandro Agudo Sanchiz (Universidad Iberoamericana) 

Soledad González (PIEM-Colegio de México) 

José del Val Blanco (PUMC-UNAM) 

Patricia Castañeda (CEIICH-UNAM) 

Laura R. Valladares (UAM-Iztapalapa) 


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b) III Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología 

Del 24 al 26 de septiembre de 2014, en la Ciudad de México, se llevó a cabo el III Congreso 
Mexicano de Antropología Social y Etnología: "Sociedades y culturas en transformación: 
nuevos debates y viejos derroteros en la antropología mexicana". El evento académico más 
destacado en el ámbito de la antropología mexicana y donde el ceas ha fungido en todas sus 
versiones como convocante y co-organizador. 

Los temas de los simposios se orientaron bajo tres ejes principales relacionados con el título 
del Congreso: A. Sujetos sociales: sus diferencias, diversidades sociales y culturales. B. Procesos: 
sean éstos políticos, sociales, económicos, como la migración, cambio cultural, desarrollo, 
desplazamientos, exclusión social, educación, ciudadanía, violencia y patrimonialización y C. 
Epistemología y prácticas antropológicas: Presentaciones de publicaciones, video antropológico 
y concurso de fotografía, fueron algunas de las actividades de divulgación realizadas durante 
el encuentro. 

El ceas, además de ser instancia convocante, coordinó el simposio titulado: Ética profesional 
en el ejercicio de la práctica antropológica, que se realizó en el auditorio Gustavo Baz del 
Palacio de la Inquisición, el viernes 26 de septiembre. Participaron como ponentes: 

Dra. Susana Narotzki, Universidad de Barcelona: «Etica o política de la investigación 
antropológica». 

Dra. Laura Valladares, uam-i: «Propuesta de Código de Etica del Antropólogo del Colegio de 
Etnólogos y Antropólogos Sociales AC». 

Dr. Luis Vázquez, ciESAS-Occidente: «Contexto e ideología armónica en México: ¿causas del 
horror antropológico a la ética profesional?». 

Dr. Rodrigo Díaz, uam-i: «Etica y antropología: sobre el lado oscuro de las instituciones de 
educación superior». 

De igual forma, el ceas presentó el 26 de septiembre en el Centro Cultural de México 
Contemporáneo el Boletín 2014, intitulado: En torno a la formación de antropólogos: desafíos y 
debates. Los presentadores fueron la Dra. Anuschka van't Hooft, (uaslp) y el Dr. Esteban Krotz 
(uady). Durante la presentación fueron obsequiados a los asistentes ejemplares del Boletín en 
disco compacto. 

Informamos que el IV Congreso se realizará en el año 2016, tendrá como sede el estado de 
Querétaro y estará encabezado por el Centro Regional del INAH-Querétaro, la Universidad 
Autónoma de Querétaro, el ceas y contará con el apoyo también de la redmifa. En cuanto esté 
lista la convocatoria la haremos pública. 

c) Participación del ceas en redes y organizaciones nacionales e internacionales 

Como parte del fortalecimiento de la propia estructura del Colegio y con el objetivo de 
ampliar nuestra presencia en diversas instancias nacionales e internacionales informamos 
a la Asamblea General de Socios que continuamos participando en las siguientes instancias: 

a) La Red Mexicana de Instituciones Eormadoras de Antropólogos (redmifa), que como sabemos es 
el espacio que agrupa a prácticamente todas las instituciones, escuelas, facultades y centros 
de investigación en donde se forman antropólogos y etnólogos en el país. 

En la redmifa encabezamos la Comisión de Etica, en la que hemos tenido un papel muy activo, 
que se ha traducido en la presentación de nuestra propuesta de Código de ética, sobre lo que 
abundaremos en otro apartado. 


50 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


b) Cátedra Interinstitucional Arturo Warman, ésta Cátedra está integrada por siete 
instituciones: la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), el Colegio de México 
(colmex), la Universidad Autónoma Metropolitana (uam), el Centro de Investigaciones y 
Estudios Superiores en Antropología Social (ciesas), la Universidad Iberoamericana (uia), el 
Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah) y el ceas. 

Hemos participado activamente en las actividades que promueve la cátedra como son la 
realización de conferencias y mesas redondas. Así mismo participamos como evaluadores 
del Certamen Premio Cátedra Warman, así como en la coedición de los libros ganadores. 

c) El Consejo Mundial de Asociaciones de Antropología (wcaa) nace en 2010 y es una red 
de asociaciones y organizaciones nacionales e internacionales que tiene como objetivo 
promover la comunicación y la cooperación en la antropología en todo el mundo. 

En la consecución de este objetivo, la wcaa se ocupa de reconocer y debatir una diversidad 
de opiniones y puntos de vista dentro de las antropologías del mundo, a la vez que busca 
identificar y difundir las preocupaciones y conclusiones comunes, wcaa actúa también 
como un foro de comunicación de noticias, ideas y conocimientos, y como una red para 
facilitar el intercambio y flujo de información. Esto incluye los códigos éticos y discusión 
global sobre cómo la profesión puede responder mejor a los desafíos contemporáneos, que 
son ellos mismos a menudo, el producto de las fuerzas y las relaciones más allá del nivel 
del Estado-nación individual, wcaa tiene como objetivo fortalecer la circulación de ideas y 
conocimientos, facilitando la difusión del trabajo antropológico en una multiplicidad de 
idiomas para mejorar el conocimiento de las antropologías del mundo, contrarrestar la 
hegemonía de la producción de conocimientos basados en inglés, y permitir a los diferentes 
públicos locales aprender acerca de los resultados de la investigación antropológica en 
sus propios idiomas. Paneles patrocinados por wcaa se organizan en las reuniones de las 
asociaciones miembros y su sitio web se ha desarrollado para que sea un instrumento 
eficaz para proporcionar día a día la información y facilitar el intercambio académico, wcaa 
busca promover redes internacionales de estudiantes de postgrado. 

El ceas ha procurado asistir a las reuniones bienales que se realizan, el presidente del 
Consejo lleva la representación del Colegio y en algunas ocasiones se ha pedido a algún 
miembro del Colegio que asista en nuestra representación. 

d) Asociación Latinoamericana de Antropología (ala) 

La representación de ala está encabezada por México, para el periodo 2012-2015, elección 
realizada en el III Congreso de la asociación que tuvo lugar en Costa Rica en marzo de 
2012. La representación de México ante ala está conformada por tres representantes: el 
Presidente del Consejo Directivo del ceas, un representante de la redmifa y un Vicepresidente 
Regional. 

El Comité ala México está conformado por la Dra. Cristina Oehmichen como Presidenta, 
la Dra. Laura R. Valladares como Secretaria de Organización y la Mtra. Antonieta Gallart 
Nocetti como Tesorera. 

Como parte de las actividades de ALA-México nos ha correspondido organizar el IV 
Congreso, que se realizará del 7 al 10 de octubre de 2015 en la ciudad de México. Se 
han publicado la convocatoria y las circulares la y 2da, por medio de las redes sociales 
del Colegio y las instituciones co-organizadoras. Esperamos contar con la asistencia de 
aproximadamente 2000 asistentes, en un compromiso importante para el Colegio y ya se 
está trabajando con el comité organizador del Congreso que está integrado por la unam 
como sede del Congreso, el ceas, inah, ciesas, uam, uia. 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


51 


d) Difusión de eventos y actividades antropológicas y de interés nacional por medio de las 
redes sociales. 

VOCEAS 

El Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C. (ceas) difunde información a sus socios 
y personas interesadas en las ciencias antropológicas a través del voceas o boletín electróni¬ 
co. A través de diferentes plataformas de difusión electrónica o medios sociales el ceas ha 
publicado 161 voceas en 2012,258 voceas en 2013 y 651 voceas durante la gestión del Consejo 
Directivo 2013-2015 (desde el 21 de noviembre de 2013 hasta el 29 de noviembre de 2014). 

En la siguiente tabla se puede ver la cantidad de personas inscritas en los medios socia¬ 
les del ceas: 


MEDIOS DE DIFUSIÓN 

INSCRITOS 

VOCEAS (Google Groups) 

833 (209 socios del CEAS) 

VOCEAS (Blog) 

354 

Facebook 

9266 

Twitter 

921 

*al 29 de noviembre de 2014 


A través del blog del ceas (https://ceasmexico.wordpress.com) es posible medir el impacto 
del voceas porque toda la información que se difunde a través de correo-e y medios sociales 
(facebook y twitter) hacen referencia o vinculan la información a nuestro blog. 

En la siguiente tabla se puede ver el crecimiento exponencial de las visitas al blog del ceas, 
comparando las visitas desde noviembre de 2012 hasta noviembre de 2014. 



En el Boletín del Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales, A.C. dedicado a la "Antropología 
y prácticas profesionales diversas" (2013) se hizo una comparación de los medios sociales 
del ceas. En el apartado "El ceas y las redes sociales de información" (pp. 62-65) se comparó 
el número de personas inscritas a diferentes páginas de facebook de asociaciones o insti¬ 
tuciones de las ciencias antropológicas. 


52 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 
























La siguiente tabla compara los números de inscritos en 2013 y 2014. 


Lugar 

2014° 

Lugar 
201 3 P 

Asociaciones/ 

Instituciones 

En 

facebook 

Inscritos 

en 

facebook 
201 3 p 

Inscritos 

en 

facebook 

2014 a 

Crecimiento 

1 

3 

American 
Anthropological 
Association (AAA)* 

11 de mayo 
de 2010 

7,686 

37,885 

393% 

2 

2 

Associacao Brasileira 
de Antropología 
(ABA) * 

24 de junio 
de 2011 

8,275 

28,041 

238% 

3 

8 

Instituto de 

Investigaciones 

Antropológicas 

OIA)/ UNAM 

8 de abril 
de 2011 

782 

16,912 

2,062% 

4 

1 

Escuela Nacional de 
Antropología e 

Historia (ENAH)/INAH 

18 de junio 
de 2013 

8,987 

15,274 

69% 

5 

4 

Colegio de Etnólogos 
y Antropólogos 

Sociales (CEAS)* 

12 de junio 
de 2009 

3,978 

9,266 

132% 

6 

5 

European Association of 
Social Anthropologists 
(EASA)* 

20 de julio 
de 2011 

1,549 

4,173 

169% 

7 

6 

The Wenner-Gren 
Foundation* 

1 5 de 
septiembre 
de 2011 

884 

2,458 

178% 

8 

7 

Associacao Portuguesa 
de Antropología 
(APA)* 

7 de 

diciembre 
de 2011 

843 

1,781 

11 1 % 

9 

10 

Instituí Catalá 
d'Antropologia 

2 de 
febrero 
de 2011 

264 

1,550 

487% 

10 

9 

Hong Kong 
Anthropological 

Society* 

9 de marzo 
de 2010 

275 

522 

89% 

1 1 

1 1 

Association of Social 
Anthropologists 
of the UK and 
Commonwealth 
(ASA)* 

8 de marzo 
de 2012 

149 

523 

251% 

* Miembro del World Council of Anthropological Associations (WCAA) 
a Información del 29 de noviembre de 2014. 
p Información del 16 de marzo de 2013. 


III. Publicación del Boletín 2014 

Salió publicado nuestro Boletín correspondiente al año 2014, que en esta ocasión estuvo 
dedicado al tema: «En torno a la Formación de Antropólogos: Debates y Desafío». Este número 
estuvo coordinado por la Dra. Anuschka van't Hooft, de la Universidad Autónoma de San 
Luis Potosí. 

El Boletín está conformado, por una parte, por siete artículos en que los autores reflexionan 
desde diferentes perspectivas sobre la formación actual de los antropólogos en México, 
por otra, por la sección Documental entre cuyos contenidos está el Informe General del 
Consejo Directivo del CEAS del periodo 2011-2013. 

Los artículos que contiene este boletín son los siguientes: ¿Para qué formar antropólogos? de 
Esteban Krotz, "La proliferación de los programas de antropología en México" de Anuschka 
van't Hooft, "Los dilemas de la docencia como práctica profesional de la antropología" de 
Laura R. Valladares de la Cruz, "La centralidad del trabajo de campo en la formación de los 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


53 





















antropólogos: reflexiones a partir de la experiencia" de David Robichaux, "La evaluación y la 
acreditación a las que están sometidos los programas de antropología en México" de Eugenia 
Iturriaga Acevedo, "Del Primer Foro para una Red de Estudios Antropológicos a la Red 
Mexicana de Instituciones de Formación de Antropólogos" de Francisco Ríos Agreda, Silvana 
Forti Sosa y Florencia Peña Saint Martín y por último un artículo dedicado a la Antropología 
en Brasil escrito por Carmen Silvia de Moraes Rial. 

En lo que corresponde a la impresión en papel este boletín fue publicado gracias a las 
generosas aportaciones de la Coordinación Nacional de Antropología del inah, la publicación 
electrónica estuvo a cargo del ciesas, mientras que la edición, diseño y corrección fueron 
de Anuschka van t Hooft y Guadalupe Escamilla. Tanto la versión en papel como la digital 
(CD) ya se están distribuyendo entre los socios. Al igual que se ha procedido con todos los 
Boletines anteriores, será subido a la página web del ceas y será compartido por medio de 
voceas para ampliar su distribución entre el público interesado. 

Adicional a estas formas de distribución y difusión, informamos que el Boletín fue presentado 
en el marco del III Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología, el día 26 de septiembre 
de 2014. En este evento los presentadores fueron Anuschka van 't Hooft, Cristina Oehmichen, 
Laura Valladares y Esteban Krotz. Tuvimos sala llena y comentarios muy positivos. 

Esteban Krotz hizo una serie de recomendaciones importantes para mejorar la presentación 
y el contenido del Boletín. Señaló la importancia de tener números temáticos sobre asuntos 
tales como mercado de trabajo y antropología aplicada, pues existen pocas publicaciones al 
respecto. Una segunda propuesta fue la conveniencia de colocar en la contraportada o en 
la cuarta de forros el listado con los temas de los números anteriores del Boletín, pues esto 
seguramente se constituirá como una referencia importante para los lectores y una memoria 
para el Boletín del propio Colegio. 

IV. Fortalecimiento de la profesionalización de la práctica antropológica 
Propuesta de Código de Ética del CEAS 

Como todos ustedes saben, el debate sobre el tema de la ética en la investigación, la docencia 
y la praxis profesional ha sido una constante a lo largo de la trayectoria en la Antropología 
mexicana, sin embargo, dicho debate no ha logrado traducirse en la construcción de un código 
de ética básico que nos permita tener un referente sobre las buenas prácticas antropológicas 
y lo que creemos que no lo es. En este contexto, el Consejo Directivo del ceas asumió el 
compromiso de elaborar una propuesta de un código de ética retomando la riqueza de las 
discusiones previas, así como los retos presentes y futuros que percibimos. De tal forma, 
que después de varias reuniones de trabajo elaboramos un propuesta de Código que hemos 
sometido a debate en diversos espacios con el fin de debatir y enriquecer su contenido. 

Sesiones en donde se ha presentado a debate el código de ética: 

Reunión de redmifa, Tixtla, Guerrero, 13 y 14 de marzo de 2014, 

Reunión de redmifa. Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam (iia- 
unam). El 17 de octubre de 2014. 

III Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología, realizado en la ciudad de 
México durante el mes de octubre también de 2014. 

La primera participación fue en la Escuela de Antropología de la uagro, ubicada en Tixtla, 
Guerrero el 13 y 14 de marzo. Ahí, se realizó la presentación de la propuesta de Código de 
Ética que impulsa el actual Consejo Directivo. Para realizar dicha propuesta, Ricardo Fagoaga 
concentró material de trabajo relacionado con distintos códigos de ética de los colegios que 
forman parte del World Council of Anthropological Association (wcaa). 


54 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


La propuesta de Código de Ética también fue enviada a la comunidad académica del 
Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam para recibir retroalimentación. 
En este contexto, el código fue presentado por Cristina Oehmichen en el marco de un 
coloquio organizado por el ha, denominado «La ética y el trabajo antropológico» realizado 
el 17 de octubre de 2014. 

En términos generales podemos informar que se ha recibido la propuesta del Código de 
Ética de forma entusiasta y se han realizado diversos comentarios a fin de incorporar con 
mayor detalle otros temas que abunden o puntualicen los asuntos tratados. Sin embargo 
consideramos que aún no existe suficientemente claridad respecto a los alcances de un 
código, que tendría que reflejar las distintas inquietudes y circunstancias de nuestros 
grandes campos de investigación, docencia y prácticas profesionales. Algunas reflexiones 
han girado en torno a la necesidad de formar comités de ética, los cuales sí tendrían 
competencia para conocer los casos y recomendar soluciones a los conflictos que pudieran 
turnarse a ellos, no obstante, pensamos que esto sería para un segundo momento, dado 
que la necesidad inmediata sería poder contar con un Código de Ética amplio. 

En este sentido, quisiéramos señalar que en el marco de dos sesiones de la redmifa (San 
Cristóbal de las Casas en Chiapas y en Zamora, Michoacán) se comentó que el código del 
ceas podría ser un parámetro para todas las instituciones y escuelas que forman parte de la 
red. En consecuencia se puso a discusión de los socios del Colegio vía correo electrónico la 
propuesta, y se han recibido algunos comentarios. 

De tal manera, como una vía para poder enriquecer la propuesta del Código de ética y 
someterlo a la aprobación de los socios del Colegio, el Consejo Directivo del ceas se reunirá 
en una fecha próxima a fin de evaluar y debatir sobre los comentarios que hemos recibido. 
Asimismo, se solicitará a los socios la aprobación del mismo y una vez cerrado este proceso 
procederemos a su registro en la Dirección General de Profesiones de la sep. Huelga decir 
que esto es un requisito de todo colegio y es tiempo de hacerlo. 

Antropólogos por un mercado laboral digno y justo 

En el marco de la clausura del III Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología: 
"Sociedades y culturas en transformación: nuevos debates y viejos derroteros en la 
antropología mexicana", un grupo de antropólogos entregó a la Presidenta del ceas un 
documento alusivo a la necesidad de reflexionar colectivamente sobre el mercado de 
trabajo antropológico. Para dar cauce a las inquietudes planteadas en dicho documento, el 
ceas propuso realizar una reunión para hablar sobre el tema en el iia. Se llevó a cabo el 10 de 
noviembre de 2014. El grupo de trabajo que entregó la carta se denomina «Antropólogos 
por un mercado laboral digno y justo». 



Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


55 


V. Informe de Tesorería 


A continuación presentamos el estado de las finanzas que guarda el ceas, desde el momento 
en que inició esta gestión de Consejo Directivo. Convocamos a todos los socios a realizar 
sus aportaciones anuales, ya que estás son las que nos permiten realizar buena parte de las 
actividades programadas y agradecemos a los socios que cumplen puntualmente con sus cuotas. 


INFORME DE TESORERIA CEAS - SEPTIEMBRE 2013 A DICIEMBRE 2014 


INGRESOS CUENTA CEAS 

CUOTAS SOCIOS CEAS 


NOMBRE 

FECHA 

MONTO 

FORMA DE PAGO 

CONCEPTO 

RECIBO 

NUM. 

1 

Cuotas socios 

UAM-I 

02/01/14 

11,594.83 

Traspaso BBVA 
Bancomer 

cuota 

socios 

2013 

0 

2 

Claudia Ytuarte 

31/01/14 

500 

Traspaso BBVA 
Bancomer 

cuota 

2014 

1 

3 

Miguel Antonio 
Zirion Pérez 

05/03/14 

500 

Traspaso BBVA 
Bancomer 

cuota 

2014 

2 

4 

José Eduardo 
Tappan 

06/03/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuota 

2014 

3 

5 

Gunther Dietz 

06/03/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuota 

2014 

4 

6 

Kathleen Anne 

Denman 

Champion 

07/03/14 

1000 

Traspaso BBVA 
Bancomer 

cuotas 

2013 
y 2014 

5 

7 

José Manuel del 
Val Blanco 

10/03/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuota 

2014 

6 

8 

Cristina V. 
Masferrer León 

13/03/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuota 

2014 

7 

9 

Ma. Antonieta 
Gallart Nocetti 

01/04/14 

500 

Traspaso BBVA 
Bancomer 

cuota 

2014 

8 

10 

Ana Cristina 
Ramírez Barreto 

02/04/14 

500 

Traspaso banco 
Santander a BBVA 
Bancomer 

cuota 

2014 

9 

11 

Christine 

Esterbauer 

04/04/14 

1000 

Traspaso 

ebnaking.bawagpsk.com 
a BBVA Bancomer 

cuotas 

2013 
y 2014 

10 

12 

Teresa Rojas 
Rabiela 

07/04/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuota 

2014 

11 

13 

Karina Pizarro 

21/06/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuota 

2014 

12 

14 

Roberto Campos 

08/08/14 

1000 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuotas 

2013 
y 2014 

13 

15 

Cristina 

Oehmichen 

07/09/14 

1200 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

cuotas 
2014, 
2013 y 
parciali 
dad 

14 

16 

Citlali Quecha 
Reyna 

07/01/14 

500 

Depósito en cuenta 

BBVA Bancomer 

2012 

cuota 

2014 

15 


01/12/14 

SUBTOTAL 

21,294.83 





56 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 





























EGRESOS CUENTAS CEAS . RECURSOS CEAS 




Fecha 

Pago 

Concepto 

1 

25/02/14 

1,601.91 

Renovación del dominio 
congresoantropologia10.com; 
Renovación de Web Hosting a 
BlueHost, Inc. 119.88 USD 

2 

07/03/14 

476.00 

Pago a Dir. Gral. de Profesiones 
por inscripción de 17 socios 
(29. 00 c/u). Depósito a cuenta 
de A. Toríz, Bancomer 

3 

14/03/14 

252.13 

Renovación del dominio 
ceas.org.mx a Network Information 
Center México, S.C. 

4 

09/05/14 

856.00 

Pago derechos renovación 
reserva de derechos Boletín 

CEAS, Indautor 

5 

19/09/14 

900.00 

500 estuches de plástico para CD, 
Boletín 2014. Duplimedios 


SUBTOTAL 1 

4,086.04 


RECURSOS DEL CONGRESO EN CUENTA CEAS 


Fecha 

Pagos 

Concepto 

6 

15/09/14 

9,126.50 

Juan Carlos Aguilar Sánchez, 
Publitodo, 49 lonas para 

Congreso MX de Antropología 

7 

15/09/14 

13,308.30 

Producciones Video Hill 

S.A. de C.V., reproducción 
de CD ponencias Congreso MX 
de Antropología 

8 

18/09/14 

3,162.00 

Flores para el Congreso Mx 
de Antropología 


SUBTOTAL 2 

25,596.80 



TOTAL 

29,682.84 




Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


57 























RESUMEN DE GASTOS 09/2013 A 12/2014 

Saldo CEAS 

96,711.44 

Saldo a favor de 
Congreso Mx de 
Antropología 

25,678.00 

GRAN TOTAL 
septiembre 2013 

122,389.44 

Ingresos 01/12/14 
Egresos 01/12/14 

21.294.83 

29.682.84 

GRAN TOTAL 
diciembre 2014 

114,001.43 


VI. Solicitudes de ingreso como socios al CEAS recibidas. 

Como marcan nuestros estatutos, todas las solicitudes de ingreso de nuevos socios deben 
ser turnadas al Consejo Directivo en funciones, quien revisará que la documentación 
necesaria esté completa, y en el Consejo Directivo se realiza una pre-aprobación de las 
solicitudes y es la Asamblea General de socios en donde se da la aprobación final de ingreso 
de los nuevos socios. En cumplimiento de sus Estatutos presentamos a la Asamblea las 
solicitudes de ingreso de los siguientes antropólogos y los sometemos a su consideración: 

1. Patricia Legarreta Haynes, 

2. Mario Hernández Trejo, 

3. Diego Prieto Hernández, 

4. Milton Gabriel Hernández García, 

5. Gustavo Ornar Meneses Camacho, 

6. Aurora Zavala Caudillo, 

7. Rebeca Orozco Aceves, 

8. Raquel Acosta Fuentes y 

9. Paola Alejandra Letona Rodríguez. 

Damos una cordial bienvenida a los nuevos socios y les recordamos que para formalizar su 
ingreso al Colegio es necesario que paguen su cuota de inscripción. Se informa a los nuevos 
socios que posterior a su ingreso, el Consejo Directivo hará los trámites pertinentes para 
su inscripción como socios activos del CEAS ante la Dirección General de Profesiones de la 
Secretaría de Educación Pública. 


58 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 









Por el Consejo Directivo del CEAS 2013 - 2015 


Dra. Cristina Oehmichen Bazán 

Presidenta 

Dra. Laura R. Valladares 

Secretaria de Organización 

Dr. Gustavo Marín Guardado 

Secretario Técnico 

Antrop. Guadalupe Escantilla 

Tesorera 


Dr. Alejandro González Villaruel 

Vicepresidente 

Dra. Citlali Quecha Reyna 

Secretaria de Organización Suplente 

Mtro. Ricardo Fagoaga Hernández 

Secretario Técnico Suplente 

Mtra. Alejandra Toríz de la Rosa 

Tesorera Suplente 



Mujeres tehuanas en una calle, retrato de grupo. SINAFO. 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 


59 





Campesinos en un maizal, SINAFO. 


60 


Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 


Abril 2015 






Código de Etica 

Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. 

Aprobado por unanimidad en la Asamblea de Socios 
del CEAS, en su sesión del 4 de diciembre de 2014. 



Preámbulo 

Los diversos procesos sociales que caracterizan el momento histórico contemporáneo colocan a los profesionales 
de la antropología ante múltiples escenarios. En este contexto, existe una emergencia constante de nuevos 
sujetos sociales que obliga a diseñar y plantear otras formas de ejercer el oficio. Por otro lado, se han abierto 
espacios laborales en nichos distintos a la investigación y la docencia, situación que también nos obliga a pensar 
las implicaciones deontológicas del quehacer antropológico en campos de trabajo novedosos. 

El respeto hacia el otro conlleva una serie de obligaciones éticas que también han sido normadas por organismos 
internacionales. De esta manera, garantizar el consentimiento previo, libre e informado además de ser un 
compromiso es también un derecho de los pueblos que, como antropólogos, debemos hacer valer, sin olvidar la 
importancia del individuo y su propia agencia. Por lo tanto, en el marco de la libertad que como antropólogos 
tenemos para ejercer la profesión, es indispensable considerar en todo momento la dignidad humana. 

Las situaciones de conflicto y crisis aparecen de manera frecuente en el trabajo antropológico, razón que impulsa 
a pensar y proponer directrices que orienten la toma de decisiones en el ámbito de nuestra competencia. Por lo 
anterior, el Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales A.C. emite el presente Código de Etica, el cual brinda 
principios que consideramos centrales para el desarrollo del ejercicio de nuestra profesión. Cabe mencionar 
que no busca sancionar comportamientos anti-éticos, sino prevenirlos para beneficio de las sociedades y la 
profesión misma. 

Introducción 

Este código ético ofrece una guía de comportamiento social y científicamente responsable para la comunidad 
antropológica, así como una guía ante los dilemas éticos que se presentan durante la investigación, la docencia 
y la práctica profesional. 

El CEAS como Colegio Profesional ofrece una serie de parámetros mínimos de buenas prácticas que parten del 
supuesto de que debe prevalecer una ética de la disciplina, en tanto que reconocemos que la toma de decisiones 
frente a los dilemas éticos a que se enfrentan los profesionales, no deben depender de una supuesta ética personal. 


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en tanto que la praxis profesional debe responder a 
principios universales tales como la salvaguarda de 
los derechos humanos de los sujetos (individuales 
y colectivos) investigados, la responsabilidad frente 
a la ciencia antropológica, así como a una praxis en 
donde prevalezca el respeto a la dignidad de los seres 
humanos y la búsqueda de soluciones a los grandes 
problemas nacionales, especialmente los vinculados 
con la alteridad sociocultural, que es el campo de 
investigación y trabajo de las y los antropólogos. 

Considerando estas premisas, cada profesional de 
la antropología deberá hacer todo lo posible por 
preservar las oportunidades futuras de trabajo 
de campo y de investigación para las siguientes 
generaciones de antropólogos. 

I. Investigación 

Compromisos de las y los antropólogos frente a: 

Los sujetos con los que se investiga 

1. Deberá comunicar a las personas, comunidades y/o 
pueblos con los que se investiga los fines y métodos 
del estudio y obtener su consentimiento previo, libre e 
informado, primero para realizar sus pesquisas, así 
como en lo relativo a la utilización de la información 
generada en el proceso de investigación. 

2. El antropólogo deberá hacer todo lo posible para 
que la investigación y los reportes publicados de la 
misma no causen daño a la seguridad, dignidad o 
privacidad de las personas estudiadas. 

Sobre los resultados de la investigación 

3. Es una obligación de las y los antropólogos devolver 
los resultados y productos de investigación a quienes 
y con quienes se estudia. 

4. Se deberá hacer lo posible para preservar toda la 
información de campo recopilada por los antropólogos 
para el uso de otros estudiosos en el futuro. 

Sobre la veracidad de la información 

5. Es importante que cada resultado de investigación 
consigne que la información presentada es original de 
quien la elaboró o está debidamente citada. 

6. Si bien todo antropólogo tiene el derecho de investigar 
cualquier tema o lugar dentro de los parámetros de la 
ciencia antropológica, prevaleciendo el principio de 


consentimiento informado de los sujetos de estudio, 
es obligación de los y las antropólogas identificarse, 
señalando a que institución, organización o empresa 
representa, quien financia la investigación, cuáles son 
los objetivos de las pesquisas y el uso que se dará a la 
información recopilada. En este marco es importante 
que en la presentación de los resultados de investigación 
sea posible conocer el proceso de construcción científica 
de las interpretaciones antropológicas. 

Sobre las responsabilidades y derechos de los 
integrantes de los equipo de investigación 

7. Los coordinadores de equipos de investigación 
deberán señalar puntualmente las responsabilidades 
y derechos de cada miembro de su equipo, en temas 
relacionados con el uso de la información generada en el 
proyecto, la posibilidad o no de elaborar tesis, ponencias 
y/o artículos, etcétera. Se deberá dar reconocimiento 
a cada miembro del equipo de investigación en su 
calidad de ayudantes, investigadores, colaboradores, 
informantes, co-autores, dependiendo de cada situación 
en particular, así mismo, se deberán dar los créditos a 
los colabores de los proyectos de investigación en los 
productos generados durante el proceso de investigación. 

II. Docencia 

Responsabilidades de los docentes ante los estudiantes y 
ayudantes 

El proceso de enseñanza aprendizaje involucra 
relaciones entre profesores y estudiantes en diferentes 
escenarios, como son las universidades, los centros de 
investigación y el aula, así como durante el trabajo 
de campo. Otro de los espacios de vínculo entre 
profesores y estudiantes se construye en los equipos 
de investigación en donde se incorporan estudiantes 
como ayudantes, por tal motivo los docentes 
deberán considerar los principios éticos existentes en 
diversos códigos de ética aprobados por Colegios y 
Asociaciones de Antropología, en consonancia con el 
presente código ética del CEAS. 

Como principios de buenas prácticas éticas los docentes 
deberán: 

1. Guiar el proceso de enseñanza-aprendizaje teniendo 
como horizonte, además del compromiso de brindar una 
formación teórica-metodológica sólida en la formación 
de Antropólogos, el contribuir a la formación de 
ciudadanos sensibles y comprometidos con los grandes 
problemas nacionales. 


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2. Promover relaciones de respeto y equidad en las 
aulas, evitando toda expresión de discriminación por 
motivos de género, estado civil, pertenencia étnica, 
de preferencia sexual, religión, origen nacional, 
clase social o cualquier otra que pueda vulnerar los 
derechos de los y las estudiantes. 

3. Realizar un constante esfuerzo de actualización 
en técnicas didácticas que promuevan el proceso de 
enseñanza aprendizaje. Así mismo, es responsabilidad 
de los docentes actualizarse constantemente 
en los diferentes modelos teóricos y estrategias 
metodológicas propias de la ciencia antropológica. 

4. Estar atentos a los intereses de los y las estudiantes, 
brindándoles una orientación realista acerca de 
oportunidades laborales para los estudiantes. Realizar 
una supervisión constante, informada y motivadora 
de las y los estudiantes, así como considerar sus 
intereses de estudio. Realizar evaluaciones justas, 
rápidas y confiables. Contribuir en la medida de lo 
posible en la búsqueda de su inserción profesional. 

5. Supervisar el trabajo de campo de sus estudiantes, 
brindándoles las herramientas teóricas, metodológicas 
adecuadas, así como ofrecer información previa 
suficiente y pertinente en cuanto a los actores, 
los contextos y las condiciones de viabilidad para 
emprender investigaciones en las diferentes regiones 


de estudio. Proporcionar a los alumnos y las 
alumnas un panorama sobre los principios éticos y 
responsabilidades sociales para los antropólogos que 
hacen investigación de gabinete y en el campo. 

Práctica profesional de la Antropología 

Desde hace varias décadas, el campo profesional de la 
antropología se ha ampliado a fuentes de empleo no 
académico, se ha dirigido hacia las Organizaciones de 
la Sociedad Civil (ose), instituciones gubernamentales, 
fundaciones, consultorías. Organizaciones Defensoras 
de los Derechos Humanos, en las instancias de 
procuración de justicia, entre otras, de tal forma 
que el trabajo de las y los antropólogos tiene nuevas 
características, por ejemplo, en temas tales como el 
diseño de los proyectos, los objetivos, el destino de 
la información generada, así como la temporalidad 
de los programas y proyectos que dependen de los 
intereses de los contratantes y financiadores del 
trabajo antropológico. 

Considerando estas características las y los profesionistas 
de la antropología deberán considerar: 

1. Los parámetros internacionales y nacionales de 
respeto a los derechos de las personas, comunidades 
y pueblos en donde desarrollarán proyectos en los 
que participen antropólogos. 



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2. Respetar los principios éticos de responsabilidad social y académica de la disciplina, 
que partan del principio del consentimiento previo, libre e informado, asegurándose 
que los resultados de la información generada para las instancias contratantes no 
conlleven ningún riesgo, o impacto negativo para las poblaciones objeto del proyecto 
en el que participa. 

3. Allegarse la información precisa sobre el origen de los recursos del proyecto a 
participar, sobre las responsabilidades y derechos, sobre la información generada y 
sobre su uso. Poniendo especial atención en las cláusulas de confidencialidad de la 
información. 

4. Coadyuvar en la medida de lo posible para que su intervención en proyectos 
financiados por instancias privadas beneficien a las personas, comunidades o pueblos 
en donde se trabaja. 


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Grupo de niños indígenas, retrato, SINAFO. 


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Declaración del III Congreso Mexicano de 
Antropología Social y Etnología 

Ciudad de México, 26 de septiembre de 2014. 



1. En los dos congresos anteriores, celebrados en 2010 en la Ciudad de México y en 2012 en Morelia, Michoacán, 
el pleno de asistentes exigió al H. Congreso de la Unión el expedito cumplimiento de la ley que exige la 
dedicación del 1% del Producto Interno Bruto como mínimo para las actividades de investigación científica y 
tecnológica en el país y los acuerdos acerca de la dedicación de la misma proporción del Producto Interno Bruto 
a la educación superior. Hoy, cuatro años después de haber formulado por primera vez esta exigencia, ésta sigue 
sin ser atendida, por lo que solicitamos, una vez más, el cumplimiento de la ley y de los acuerdos mencionados, 
a través de los ordenamientos relativos a la preparación del presupuesto federal de 2015. 

2. El III COMASE expresa su preocupación por la cantidad cada vez mayor de mecanismos e instrumentos de la 
llamada evaluación académica. Sin duda alguna, en todas las actividades académicas es necesario el monitoreo 
constante. Pero esta tarea ha generado una gran burocracia y diversas empresas privadas, cuyos procedimientos 
desvían cada vez más el trabajo de los investigadores y docentes hacia actividades de tipo administrativo. 
Más aún, privilegian la evaluación cuantitativa por encima de la evaluación cualitativa y hasta sustituyen la 
segunda por la primera. En todo esto es, además, notorio que aplican regularmente criterios ajenos a las ciencias 
sociales y humanidades, a las instituciones, a los programas y proyectos de la antropología social y la etnología. 
Hacemos, por tanto, un llamado a las instancias de representación de la antropología y etnología en el país, 
ante todo, al Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales (CEAS) y a la Red Mexicana de Instituciones de 
Formación de Antropólogos (RedMIFA), así como a quienes ocupan puestos de dirección en las instituciones 
académicas, a iniciar un diálogo con los responsables de las políticas en materia de investigación científica y 
educación superior, para hacerles ver que la situación actual es contraproducente y que se necesita reformar de 
raíz el aparato administrativo y redefinir los criterios utilizados para la evaluación académica. 

3. En relación con el inciso anterior, el III COMASE se dirige de modo especial a las antropólogas y antropólogos 
que ocupan puestos de dirección y coordinación en instituciones académicas y quienes participan en instancias 
multidisciplinarias de evaluación académica en todas sus formas, para que generen, con el apoyo del CEAS y la 
RedMIFA, estrategias y mecanismos para difundir en las universidades, centros de investigación y dependencias 
y empresas vinculadas a la evaluación académica, las maneras típicas y propias de la antropología y la etnología, 
de generar, difundir y divulgar el conocimiento y de llevar al cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje. No 
está por demás señalar que si esta tarea se realiza exitosamente, tendrá importantes beneficios también para 


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los egresados de nuestros programas de estudio, a la 
hora de buscar empleo. 

En los dos congresos nacionales anteriores, 
los antropólogos sociales y etnólogos hemos 
manifestado nuestra gran preocupación por la 
violencia crecida y creciente en la vida pública de 
nuestro país. Según parece, esta violencia, que de 
acuerdo con las declaraciones gubernamentales 
deriva inevitablemente de la lucha contra el crimen 
organizado, no ha cesado. 

4. El III COMASE expresa su grave preocupación por 
el enorme número de muertos y por los afectados 
en su integridad física y psíquica y por la situación 
de muchas víctimas de esta violencia, cuya situación 
legal nunca ha sido aclarada de manera satisfactoria. 

Al mismo tiempo, denuncia la utilización de esta 
situación para criminalizar la protesta en varias 
regiones del país, de quienes alzan su voz contra la 
destrucción de los recursos naturales y el territorio 
por parte de mega proyectos mineros, turísticos 
e hidroeléctricos, así como por la inseguridad y 


muchas de las causas reales de ésta, entre las cuales 
se encuentra la pobreza, la falta de empleos dignos, 
la ineficiencia y corrupción de amplios sectores de 
la administración pública y empresas privadas; y la 
manipulación mediática de la opinión pública. 

Uno de los más recientes casos de esta criminalización 
es la detención de los señores Mario Luna Romero 
y Fernando Jiménez Gutiérrez, ambos integrantes 
del Pueblo Yaqui y notorios opositores del proyecto 
gubernamental del Acueducto Independencia, con el 
cual se desvía el agua del Río Yaqui. El III COMASE 
exige a los responsables políticos y judiciales de esta 
situación la inmediata liberación de Mario Luna 
Romero y Fernando Jiménez Gutiérrez, la revisión 
de los procedimientos seguidos y el enjuiciamiento 
de los responsables intelectuales y materiales de su 
detención ilegal. Así como el respeto al territorio, los 
recursos y derechos del pueblo Yaqui. 

Al mismo tiempo hace un llamado a las instituciones 
legislativas, ejecutivas y judiciales en todos sus 
niveles, a atender las causas reales de la pobreza y de 
la desigualdad socioeconómica en el país. 



Tarahumaras durante una carrera en la Ciudad de México, SINAFO. 


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Congresos y reuniones de Antropología 
2015 - 2016 



2015 


XV Congreso de Antropología en Colombia: «Regiones posconflicto y futuros 
posibles» 

Santa Marta, Colombia, 2 al 5 de Junio de 2015 


VIII Congreso de la Red Nórdica de Investigación sobre América Latina 
(nolan): «Las luchas por recursos en América Latina» 

Helsinki, Finlandia, 11 a 13 de junio de 2015 


55° Congreso Internacional de Americanistas: «Conflicto, paz y construcción 
de identidades en las Américas» 

San Salvador, El Salvador, 12 al 17 de julio de 2015 


III Congreso Internacional sobre experiencias en la salvaguardia del 
Patrimonio Cultural Inmaterial 

Cuernavaca, México, 3 a 6 de septiembre de 2015 


V Jornadas de Antropología social del Centro 

Buenos Aires, Argentina, 30 de septiembre a 2 de octubre de 2015 


IV Congreso Latinoamericano de Antropología: «Las antropologías 
latinoamericanas frente a un mundo en transición» 

Ciudad de México, 7 a 10 de octubre de 2015 


2016 


II Congreso Internacional "Los Pueblos Indígenas de América Latina 
(CIPIAL): «Siglos XIX-XXI. Avances, perspectivas y retos». 

Santa Rosa (La Pampa) Argentina , 20 a 24 de septiembre de 2016 


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Niña indígena, retrato, SINAFO. 


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Boletín Colegio de Etnólogos 
y Antropólogos Sociales, A.C. 

(Números anteriores) 

2006 • Boletín 30 Aniversario del CEAS (1976-2006) 

2008 • Nuevo nichos en el mercado de trabajo para la antropología 

2011 • Nuevas Epistemologías en Antropología: temas y abordajes 

2012 • Peritaje antropológico en México: reflexiones teórico 
metodológicas y experiencias 

2013 • Antropología y prácticas profesionales diversas 

2014 • En torno a la formación de antropólogos: desafíos y debates 


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Procesión indígena, SINAFO. 


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Niña tarahumara, retrato, SINAFO. 


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Alfonso Caso y Eulalia Guzmán en compañía de dos hombres dentro de una casa, SINAFO. 



Indígenas con funcionarios públicos en una oficina, SINAFO. 


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